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(Capítulo 124)
El rostro de Jungbin se llenó de cansancio de golpe. Tenía una expresión que decía claramente que había muchísimas cosas que quería comentar, pero hizo un gran esfuerzo por encontrar una respuesta moderada.
—¿Una cita secreta? Si alguien lo oye, podría malinterpretarlo.
—¿Y si no lo fue?
La mano que rodeaba los hombros de Eui-jae se tensó ligeramente.
—A estas horas de la noche.
—…
—¿Qué otra razón habría para que dos personas se vieran a solas…?
—…
—Ah… ¿No será que estaban hablando mal de mí?
Eui-jae ya lo sabía por experiencia. Si lo dejaba seguir, acabaría montándose una película él solo. No podía permitirlo. ¡Todavía tenía muchas cosas que preguntarle a Jungbin! Con rapidez, sujetó la mano con la que Sa-young le rodeaba los hombros. Los dedos cubiertos por el guante negro se estremecieron apenas.
Con cierta dificultad, Eui-jae pronunció su nombre.
—¿…Sa-young?
‘Joder…’
La voz le salió mucho más torpe de lo que esperaba. Se mordió la lengua.
Desde que descubrió que Lee Sa-young era aquel muchacho, que había sobrevivido y que, incluso después de todo ese tiempo, había seguido cumpliendo aquella promesa egoísta… Le resultaba imposible tratarlo como siempre. Frente a Lee Sa-young, toda la experiencia que había acumulado hasta entonces no servía para nada.
Pero, como si hubiera estado esperando precisamente aquello, Sa-young se movió ligeramente. Levantó la comisura de los labios con satisfacción, como un gato bien alimentado, e inclinó la cabeza.
—Mmm… ¿Sí?
Al ver que Eui-jae guardaba silencio, sus dedos comenzaron a darle golpecitos juguetones en el hombro.
—Si me llamaste, tendrás que decir algo, J.
—Fui yo quien le escribió porque quería preguntarle unas cosas. Así que deja de decir tonterías… No.
Estuvo a punto de responder con la brusquedad de siempre. Pero en ese instante volvió a ver al pequeño Sa-young, cubierto de vendas y acostado en una cama. Las palabras se le quedaron atascadas. En lugar de eso, simplemente se acomodó la máscara, que se había movido un poco por culpa de la mano que se había colado debajo de ella.
—Ajá…
Alargando la última sílaba, Sa-young preguntó con una sonrisa divertida.
—¿Hay cosas que no puedes preguntarme a mí?
Esta vez Eui-jae también tenía mucho que decir.
¿Quién era el que siempre cambiaba de tema y se escabullía como una anguila cada vez que intentaban preguntarle algo?
Apretó con fuerza uno de los dedos de Sa-young.
—Joder, ¡aunque te pregunte nunca contestas! ¿Crees que no me doy cuenta de que siempre esquivas las preguntas?
—Porque son cosas que no necesitas saber. Además, ¿de verdad crees que Jungbin te respondería mejor que yo? Él cambia de tema incluso mejor.
—Pues a mí sí me respondió. Antes éramos muy cercanos. Teníamos espíritu de compañerismo, ¿verdad?
—¿Eh? Ah… sí. Claro. Así es. Éramos compañeros.
Jungbin, que había estado contemplando la conversación completamente absorto, respondió apresuradamente.
La voz de Sa-young se volvió peligrosamente baja.
—Ah… ¿Sí?
Jungbin cambió de tema a toda prisa.
—Por cierto, Lee Sa-young. Llegaste mucho antes de lo que esperaba. ¿Estabas cerca?
—…
En vez de responder, Sa-young entrecerró los ojos. Su expresión decía claramente:
«¿De verdad crees que voy a caer en una distracción tan barata?»
Entonces Eui-jae intervino de inmediato para ayudar a Jungbin.
—Yo también tengo curiosidad.
—…
—¿Tampoco vas a responder eso?
Solo entonces Sa-young contestó. Con un gesto de la cabeza señaló hacia atrás. Junto a la entrada del parque se veía una puerta de madera que ya les resultaba familiar. Había pasado desapercibida por culpa de la abrumadora presencia de Sa-young.
Su dueño, Iniciador Romántico, estaba desplomado sobre el centro del sube y baja como un muñeco de trapo empapado. De vez en cuando un dedo le temblaba ligeramente, como si estuviera demostrando que seguía vivo. Y a su lado…
Criic…
Criic…
Se escuchaba un chirrido inquietante.
—…
El origen del sonido era un caballito de muelles con forma de cerdo. La luz intermitente del farol iluminaba el juguete balanceándose sin parar… y a la persona que estaba montada sobre él. Los cristales de unas gafas de sol brillaron. Sentado en cuclillas sobre aquel diminuto caballito, manteniendo el equilibrio de forma casi milagrosa, Seo Min-gi levantó ligeramente la cabeza.
—Buenas noches, cliente.
—…
—Mmm. Parece que el muelle está oxidado. Habrá que quitarle el óxido y aplicar lubricante. Además, la farola también está fallando. No es un entorno adecuado para que jueguen los niños, que son el futuro del país.
Saltó con ligereza del caballito, se puso unos guantes de nitrilo y, encendiendo la linterna del móvil, comenzó a inspeccionar el muelle.
Criic…
Criic…
El caballito seguía balanceándose.
Eui-jae bajó la vista hacia sus propios pies con expresión extraña. Su sombra estaba superpuesta a la de Sa-young. Pero permanecía completamente inmóvil. Las sombras normales no se movían por sí solas. Sin embargo, cuando Seo Min-gi viajaba dentro de una sombra, esta solía moverse ligeramente, independientemente de los movimientos de su dueño.
Jungbin murmuró:
—Sabía que estaba dentro de la sombra… pero no imaginé que los traerían a todos.
Tanto Jungbin como Eui-jae lo habían notado desde hacía rato. Simplemente habían fingido no darse cuenta. Seo Min-gi respondió con toda naturalidad.
—Yo solo informé de la situación. Quien los trajo a todos fue el líder del gremio.
—Sí, fui yo.
Sa-young respondió con absoluta tranquilidad.
—No solo porque J y Jungbin se reunieran a escondidas… Sino porque escuché que estaban hablando de mí.
‘Así que ya lo sabía todo y aun así preguntó como si no supiera nada.’
—Me dio curiosidad y vine… a estas horas de la madrugada.
Hizo especial énfasis en «a estas horas». Eui-jae dirigió una mirada compasiva hacia Iniciador Romántico, que seguía desplomado sobre el sube y baja. Aquel parque no estaba precisamente lejos del edificio del Gremio Pado/Wave. Ni siquiera hacía falta ser cazador para llegar caminando. Y aun así… Había dejado inconsciente a un hombre solo para llegar un poco antes.
‘Qué desperdicio de recursos humanos…’
—Ngh…
En ese momento, Iniciador Romántico soltó un último gemido y quedó aún más desparramado. La puerta de madera color marrón desapareció lentamente. Con el chirrido oxidado del caballito como música de fondo, Sa-young apoyó suavemente la cabeza sobre la de Eui-jae.
Luego susurró en voz baja:
—Entonces… ¿ya averiguaste todo lo que querías saber?
—…
Eui-jae no respondió. Sa-young tampoco parecía esperar una respuesta. Simplemente dirigió la mirada hacia Jungbin.
—Y tú.
—Sí, Lee Sa-young.
—Lo que ocurrió cuando desperté siempre ha sido información confidencial… ¿Desde cuándo hablas de ello tan a la ligera?
Jungbin mantuvo la espalda recta y sostuvo su mirada sin apartarla. Respondió con serenidad, pero con firmeza.
—Sigue siendo información confidencial. Sin embargo, consideré que podía contárselo a J.
—…
—Estoy en un puesto que me permite tomar esa clase de decisiones.
—…
Sa-young ladeó ligeramente la cabeza. Jungbin, con una sonrisa amable, observó a los dos. Sus largos ojos se curvaron con suavidad.
—Viendo lo cercanos que parecen… diría que mi decisión no fue equivocada. Aunque desconozco cuándo, dónde o cómo llegaron a hacerse tan íntimos.
—…
La mano negra que rodeaba los hombros de Eui-jae volvió a tensarse con fuerza. Jungbin continuó con calma.
—Supongo que entre ustedes también habrá muchas cosas que yo desconozco. Igual que todos los secretos que Lee Sa-young nunca le ha contado a J.
—Hasta ahí.
La voz de Sa-young sonó como un gruñido. Jungbin simplemente se encogió de hombros.
—Con los años he aprendido que tener demasiados secretos tampoco es bueno. Les recomendaría sincerarse un poco.
—¿Por qué no te largas de una vez?
—Precisamente estaba a punto de hacerlo. Confío en que ya hayan terminado con las preguntas.
Bzzzz…
El teléfono vibró largo rato. Jungbin sacó el móvil del bolsillo, miró la pantalla y dejó escapar un pequeño suspiro.
—…Otra vez nos dejaste trabajo, ¿verdad, Lee Sa-young?
Sa-young respondió con frialdad.
—Haz bien tu trabajo. Eres funcionario.
—De todas formas iba a ocuparme de ello… ¿Debería darte las gracias?
Tras pasarse una mano por el rostro, Jungbin levantó la cabeza y miró directamente a J. Sa-young dio un paso al frente, colocándose delante de Eui-jae como si quisiera cubrirlo. Jungbin sonrió con cierta amargura. Aun así, llamó a Eui-jae con voz amable.
—J.
—…
—Creo que debo decirte esto ahora.
Se aclaró la garganta y habló con firmeza.
—De verdad… me alegra que hayas vuelto.
—…
—Si alguna vez necesitas algo, no dudes en contactarme. Haré todo lo posible por ayudarte.
En ese instante, un antiguo compañero volvía a convertirse en su aliado del presente. Eui-jae estaba a punto de responder. Pero Sa-young habló primero con su habitual tono helado.
—Ya terminaste. Ahora lárgate.
—Sí, sí. Tengo que ocuparme del trabajo que me dejaste. Entonces me retiro.
Jungbin inclinó educadamente la cabeza. También se despidió de Iniciador Romántico, que seguía desplomado, y de Seo Min-gi, que continuaba reparando el caballito. Mientras abandonaba el parque, Eui-jae observó su espalda. Era muy distinta a la que recordaba. Mucho más firme. Solo cuando Jungbin desapareció por completo, junto con cualquier rastro de su presencia, Sa-young habló con expresión malhumorada.
—Hyung…
—¿Mm?
—Creo que te gusto mucho más de lo que imaginaba.
—¿Qué?
Eui-jae abrió los ojos de par en par. Sa-young sonrió mientras estiraba la mano para acomodarle suavemente la máscara negra.
—Jamás imaginé que llamarías a Jungbin inmediatamente…

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