Read the latest manga {{chapter_title}} at Asian Lotus . Manga {{manga_title}} is always updated at Asian Lotus . Dont forget to read the other manga updates. A list of manga collections Asian Lotus is in the Manga List menu.
(Capítulo 132)
El dedo mordido se encogía apenas la lengua lo rozaba. Eui-jae aflojó la fuerza de la mano con la que le sujetaba la muñeca. Sin embargo, la mano de Lee Sa-young permaneció inmóvil, exactamente en la misma posición.
Él, literalmente, se había quedado mirándolo aturdido. Pero solo por un instante. Sa-young bajó la vista hacia el suelo. Eui-jae se limpió la comisura de los labios con el dorso de la mano.
—Tú… cumpliste una promesa hecha solo de palabras y me esperaste. No, incluso más que eso.
—…
—Voy a compensártelo.
—…
—Aunque tú no lo quieras.
En la primera falange del dedo anular izquierdo quedó marcada con claridad la huella de la mordida, y una gota de sangre roja brotó de ella. A simple vista, parecía un anillo escarlata. Eui-jae añadió con firmeza:
—Y como vuelvas a decir que no fue culpa tuya o que no me preocupe por ti… no me voy a quedar de brazos cruzados.
—…
—Lee Sa-young, mírame. ¿Entendiste?
Sa-young, que había mantenido la cabeza inclinada y la vista fija en el suelo como si contara los dibujos del piso, levantó lentamente la cabeza. Y en ese instante, Eui-jae abrió ligeramente la boca sin darse cuenta.
—Tú…
El rostro de Lee Sa-young…
—…
Estaba teñido de un tenue color rojo.
¡Como si estuviera avergonzado!
Solo sostuvo su mirada un instante antes de desviar discretamente los ojos. Incluso se cubrió la boca con el dorso de la mano. Era una comparación que no encajaba en absoluto con Lee Sa-young, pero era la única que se le ocurría.
Sí. Se movía como una novia tímida.
Cha Eui-jae se quedó petrificado.
…¿Por qué?
La conmoción fue como si alguien le hubiera descargado un martillazo en la cabeza, haciendo vibrar todo su cuerpo. Aquella no era, ni de lejos, la reacción que esperaba. Había dicho todo aquello preparado para empezar otra discusión interminable que comenzaría con un simple «Ah, ¿sí?».
¿Pero qué demonios…?
Su afilado instinto, el mismo que le había salvado la vida incontables veces, fallaba una y otra vez cuando se trataba de Lee Sa-young. A esas alturas hasta le parecía injusto.
¡El que le mordió el dedo fuí yo! ¿No es raro que el avergonzado sea él? ¿No debería estar enfadado como una persona normal?
En ese momento, una sangre aún más roja que el rubor de su rostro resbaló lentamente por el dedo. Si esta era la casa del Cha Eui-jae de este mundo devastado, seguro que habría un botiquín. Mordiéndose el interior de la mejilla con nerviosismo, Eui-jae apartó la mirada.
—…Primero, vamos a curarte.
—…
Sa-young asintió obedientemente. Los labios gruesos que normalmente hablaban sin parar y solían burlarse de él permanecían firmemente cerrados. Moviéndose con la rigidez de una marioneta de madera, Eui-jae añadió:
—Eh… y quítate también el delantal.
Dejando atrás a un Lee Sa-young que seguía inmóvil, Eui-jae prácticamente huyó hacia la habitación más cercana y cerró la puerta de golpe. Por suerte, el botiquín descansaba, bien visible, sobre una cómoda.
Claro.
Si lo guardaban en un sitio difícil de encontrar, no serviría de nada en una emergencia. Dentro había medicamentos básicos, aquel familiar antídoto morado y varias pociones difíciles de conseguir, todo perfectamente ordenado. Exceptuando las vendas y cosas similares, casi todo estaba sin usar.
…Yo no soy tan ordenado.
¿Lo habría acomodado el Lee Sa-young de este mundo?
Sujetando el botiquín bajo el brazo, Eui-jae aprovechó la lentitud de sus pasos como excusa para echar un rápido vistazo a la habitación. En el centro había una cama bastante grande para una sola persona. Ya le parecía extraño que hubiera una lámpara en cada lado de la cama. Y también que sobre los pequeños burós hubiera objetos que, a simple vista, pertenecían a personas distintas. Sobre el de la izquierda había un localizador de la Oficina de Administración de Despertados. Sobre el de la derecha… Unas gafas.
Gafas…
Eui-jae las tomó con cuidado y se las puso. Solo con hacerlo sintió un mareo. Quien las usaba debía de tener una graduación terrible. El Lee Sa-young de este mundo había sufrido problemas de visión como secuela del envenenamiento. Pensándolo bien…
Ahora que lo pienso, creo que el Lee Sa-young que conozco también llevaba gafas, ¿no? Aunque solo lo vi así una vez. Justo después del puerto de Incheon. Una sensación extraña e indescriptible seguía pinchándome la cabeza.
…No será…
Eui-jae se quedó inmóvil con las gafas en la mano.
¿Dormimos… en la misma cama? ¿Lee Sa-young y yo?
Su rostro perdió todo el color. Sentía que, si seguía pensando en ello, descubriría algo de lo que ya no habría marcha atrás.
¡No! ¡En los recuerdos que recibí antes no aparecía nada de eso!
Pero negar la realidad era difícil cuando las pruebas estaban delante de sus ojos.
…No. No puede ser. Imposible.
Después de convencerse a sí mismo como pudo, abrió la puerta de golpe, como si fuera a arrancarla de las bisagras, y salió al salón. Lee Sa-young seguía exactamente donde lo había dejado. El delantal que se había quitado colgaba de su brazo. Por suerte, su rostro había recuperado el habitual tono pálido.
Mientras pasaba junto a él camino al sofá, Eui-jae dijo:
—Siéntate. Voy a desinfectarte y ponerte al menos una venda.
Sa-young asintió ligeramente, se sentó y le tendió la mano. Eui-jae empapó una gasa con desinfectante y limpió la zona alrededor de la mordida. Por suerte, la herida no sangraba demasiado. Sa-young observó en silencio cómo lo atendía antes de hablar.
—…Se te da mejor de lo que esperaba.
Sin mucho interés, Eui-jae cortó un trozo de gasa con unas pequeñas tijeras y respondió:
—¿Qué? ¿Creías que iba a echarte el desinfectante encima sin más?
—Mmm… era una posibilidad. Me preparé para ello.
—¿Qué imagen tienes de mí? Llevo años curando heridas con mis propias manos…
—…Ah.
Al notar su expresión molesta, Eui-jae añadió a modo de excusa:
—En aquella época no había sanadores. No tenía otra opción.
—Pero al menos habría personal médico normal.
—Cada vez que cerrábamos una grieta salían montones de heridos y cadáveres. Quien aún pudiera moverse tenía que curarse por sí mismo.
—…
El descontento brilló por un instante en los ojos de Sa-young, aunque, por fortuna, no añadió nada más. Después de colocar un apósito sobre la herida, Eui-jae retiró la mano.
—Listo. Ya está.
—Sí.
Sa-young movió el dedo y se encogió ligeramente de hombros.
—Es la primera vez que me hago una herida en la mano. Es… curioso.
—…
—Aunque nunca imaginé que alguien me la haría de un mordisco…
Los ojos de Eui-jae se afilaron. Cubriéndose la boca con una mano, Sa-young soltó una risa baja.
—Pensé que eras un perro.
—Pero mira que eres…
Eui-jae le lanzó una mirada fulminante. El Lee Sa-young que hacía un momento se sonrojaba tenía hasta cierto encanto. Pero el Lee Sa-young que ya había recuperado la calma parecía haber estado esperando precisamente ese instante para rasparle los nervios.
Mientras abría por completo la mano, murmuró con pereza:
—Bueno… al menos mi cuerpo no tiene veneno, así que no pasó nada aunque me mordieras.
—…¿No tiene?
—Usted mismo lo dijo, ¿no? Que solo mi alma cruzó hasta este mundo. Mi cuerpo sigue inconsciente en el mundo original.
Apoyando la barbilla sobre una mano, levantó con el pulgar y el índice la parte delantera de su ropa holgada.
—Ahora entiendo por qué, desde que desperté, este cuerpo se siente tan pesado y torpe.
—…
—Y, sobre todo, usted está perfectamente. Parece que este cuerpo aún no ha despertado sus poderes.
—¿Cuántas veces tengo que decirte que tu veneno no supone una amenaza para mí…?
—Le creo.
¡Y él que pensaba que por fin había aclarado el malentendido!
No era que el veneno del basilisco hubiera actuado. Simplemente había bebido su sangre. Convertido en vampiro de la noche a la mañana, Eui-jae apretó el puño.
—Cuando salgamos de aquí volveré a morderte. Ya veremos entonces.
—Ajá…
Alargando el final de la palabra, Sa-young respondió entre risas.
—Me parece bien. De hecho…
Levantó el dedo vendado.
—Me quedé con ganas.
Sa-young se levantó del sofá y caminó tranquilamente hacia la cocina. Mientras ordenaba el contenido del botiquín, Eui-jae soltó un pequeño suspiro.
Clac, clac.
Los sonidos cesaron al poco tiempo y Lee Sa-young asomó la cabeza desde la cocina.
—Ah, y otra cosa.
—¿Sí?
—Hace un momento dijiste «por ahora, hasta aquí».
«Por ahora, hasta aquí. ¿Alguna pregunta?»
Sa-young sonrió.
—Pensé que todavía quedaba el resto de la historia. Ya sé por qué usted llegó aquí, pero… cosas como por qué fui yo quien terminó aquí.
Joder…
—¿Seguiremos hablando mientras comemos?
Lee Sa-young tenía una memoria demasiado buena.
—Ven ya. Primero llenemos el estómago.
Sobre la mesa fueron apareciendo un rollo de huevo apenas medio cocinado, pan tan tostado que era difícil saber si estaba dorado o directamente quemado, y algunos acompañamientos más.
Una vez convencido de que su cuerpo no tenía veneno, Sa-young se movía con mucha más libertad. Sacó del refrigerador mermelada de albaricoque, mermelada de fresa y queso crema, y los fue colocando sobre la mesa. No era un banquete perfecto, pero bastaba para llenar el estómago. Ninguno de los dos era especialmente exigente con la comida.
Eui-jae observó a Sa-young. Con el ceño ligeramente fruncido, masticaba el rollo de huevo. Era la oportunidad perfecta. Mientras fingía untar queso crema sobre una rebanada de pan, Eui-jae empezó a hablar.
—Retomando lo de antes… cuando recuperé la conciencia y estaba intentando entender la situación… el sistema me dijo que me daría lo que más necesitaba en ese momento.
Sa-young asintió.
La voz de Eui-jae se hizo más baja.
—…Así que acepté.
—Ajá…
Los ojos de Sa-young se volvieron peligrosamente afilados.
Me va a devorar con la mirada.
Evitando sus ojos, Eui-jae hizo un leve puchero. Después de tragarse el bocado de huevo, Sa-young dejó el tenedor y soltó un largo suspiro.
—¿De verdad aceptó eso sin más? ¿Sin comprobar siquiera cuál era el precio?
—Bueno…
—De verdad, usted…
Tras unos segundos buscando las palabras, dijo:
—Tenga cuidado. Un día cualquiera va a acabar siendo víctima de una estafa.
—En toda mi vida nunca me han estafado.
—Claro. Entonces, ¿qué pasó?
—Pues…
—¿Pues?
—Tú… apareciste aquí.
—…
—…
Esta vez fue Eui-jae quien desvió la mirada. Lo que Cha Eui-jae más necesitaba…
Era Lee Sa-young. No sabía por qué.
Cubrió una inocente rebanada de pan con una cantidad absurda de queso crema. Entonces, desde el otro lado de la mesa, una voz baja habló.
—¿Así que yo era lo que más necesitabas?
—…
—Vaya…
—…
—Es agradable oír algo así.
Un instante después se oyó un leve frufrú.
—De todas las cosas que he escuchado desde que llegué aquí.
Algo cálido le dio un ligero toque en el pie. Eui-jae fingió no darse cuenta y dio un gran mordisco al pan, pero terminó deteniéndose. Aquella suave caricia sobre el empeine era…
¿Un pie?
Levantó discretamente la vista hacia Lee Sa-young. Sin que se hubiera dado cuenta, él ya sostenía la barbilla con ambas manos mientras lo observaba fijamente. El dedo cubierto con el apósito golpeaba juguetonamente su mejilla.
Cuando sus miradas se encontraron, sus ojos se curvaron en una sonrisa. Mientras tanto, el pie que le había estado rozando el empeine ya acariciaba lentamente el hueso del tobillo. Ante aquella sensación desconocida, los dedos del pie de Eui-jae se encogieron.
Se apresuró a masticar y tragar el pan antes de decir:
—Mmm…
Sa-young inclinó ligeramente la cabeza. Sonriendo con una expresión tan angelical que resultaba sospechosa.

Comment