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(Capítulo 133)
—Tú… el pie…
—¿Qué pasa?
Sa-young preguntó con total naturalidad. En sus ojos violáceos, curvados de diversión, solo se reflejaba Cha Eui-jae. Sin darse cuenta, Eui-jae apretó la mano. El pie que le acariciaba el tobillo rozó ligeramente el bajo del pantalón. Eui-jae dejó el pan a toda prisa.
—Oye, oye, espera un momento.
—No es «oye».
El bajo del pantalón se balanceaba al ritmo de aquel pie, haciéndole cosquillas en el tobillo. Eui-jae cerró los ojos con fuerza y terminó diciendo lo que el otro quería oír.
—…Lee Sa-young.
—Sí. Aquí estoy.
—¿Por qué me estás tocando con el pie?
—Pues…
Sa-young sonrió.
—Porque quiero.
—¿Y solo porque quieres puedes hacer lo que se te dé la gana?
—Pero…
Parecía que el pie iba a apartarse del bajo del pantalón, pero en lugar de eso el suave empeine terminó acomodándose bajo el arco de su pie. Encajaba a la perfección. Como si siempre hubieran sido uno. Lee Sa-young levantó ligeramente la barbilla.
—¿No vas a dejarme?
¿Qué demonios? ¿Por qué mueve tanto los pies este tipo?
¿Se sentía tan extraño por lo que había visto en aquella habitación? ¿O por el rostro sonrojado de Lee Sa-young? No lo sabía. Los dedos de sus pies se encogieron.
—¿Qué tonterías estás diciendo…? Oye, quita el pie.
Justo cuando Eui-jae intentaba esconder el suyo bajo la silla…
—¿Ni siquiera puedes dejarme hacer esto? Después de morderme el dedo.
Sa-young levantó deliberadamente el dedo cubierto por el apósito. Al ver otra vez el anular izquierdo, Eui-jae volvió a quedarse sin palabras.
A este paso va a sacar el tema del dedo cada vez que tenga oportunidad…
Con expresión abatida, volvió a tomar el pan. La cálida piel seguía acariciándole el arco del pie. Apoyando la barbilla sobre la mano, Sa-young murmuró con pereza:
—Nosotros, en este mundo… parece que éramos bastante cercanos.
Bastante cercanos.
—Cof…
Eui-jae se cubrió la boca y tosió suavemente. Una cama lo bastante grande para que los dos durmieran juntos. Dos objetos que cualquiera diría que pertenecían a personas distintas. Sintió cómo el calor le subía a las mejillas y a las orejas. Quizá no tanto como a Lee Sa-young, pero seguro que él también estaba bastante rojo.
Maldición… y justo ahora mi cara de póker decide no funcionar.
Mientras seguía tosiendo ligeramente, se quedó inmóvil.
…Ahora que lo pienso, desde hace un tiempo esa habilidad prácticamente desapareció…
Pero antes de poder seguir pensando, Sa-young levantó la comisura de los labios con una sonrisa burlona.
—¿Qué clase de cosas estará imaginando…? Tiene la cara completamente roja.
—…Solo me atraganté.
—Ajá…
—De verdad.
—Claro.
Se encogió ligeramente de hombros.
—Yo hablaba… como familia.
Con una mirada señaló el salón.
—…Hasta hay una foto de los dos.
—¿Una foto?
—¿No la vio? Debía de estar realmente aturdido… Luego échele un vistazo.
Después de decir eso, pinchó un trozo de tortilla enrollada con el tenedor y empezó a comer poco a poco. Resultaba curioso. Hasta hacía un instante estaba sonriendo, pero en cuanto la comida entró en su boca frunció el ceño.
—¿No te gusta la tortilla? Si no te gusta, no la comas.
—No…
Sa-young hizo una leve mueca.
—Es que hacía mucho tiempo.
—¿Mucho tiempo qué?
—Mmm…
Masticó despacio antes de responder en voz baja.
—Desde la última vez que pude saborear la comida.
—…¿Qué?
—Ah, no le dé importancia. No es gran cosa.
Respondió con indiferencia mientras empezaba a untar mermelada sobre el pan.
Eui-jae cerró la boca.
¿Entonces todo este tiempo no había podido sentir los sabores?
Pero en el restaurante de sopa para la resaca había comido bastante bien. Entonces un recuerdo cruzó de pronto por su mente. El primer día que Lee Sa-young llegó al restaurante. La primera vez que probó aquella sopa. Como Eui-jae lo había estado observando desde el primer bocado, decidido a ver qué decía, lo recordaba perfectamente. Pensándolo bien…
«El caldo está caliente.»
«La carne está tierna.»
Nunca comentó nada sobre el sabor.
Maldito veneno.
—¿Qué pasa? ¿Te doy pena?
Eui-jae levantó la cabeza. Sa-young dio un gran mordisco al pan con mermelada y lo masticó lentamente. Su nuez subió y bajó antes de limpiarse las migas de la comisura con el pulgar.
—Si le doy pena…
La suave piel volvió a rozarle el pie. Sa-young sonrió.
—No me aparte.
Eui-jae guardó silencio. En realidad, ambos lo sabían. Sabían que Cha Eui-jae jamás sentiría lástima por Lee Sa-young. Y también sabían que no apartaría su pie. Aquello solo era…
—…
Una excusa. Para Cha Eui-jae.
Hay cosas que, aun sabiéndolas, es mejor dejar sin destapar. Y hay sentimientos a los que uno ni siquiera sabe qué nombre ponerles. Por eso Eui-jae no evitó aquel calor que buscaba el suyo. En cambio, fingiendo que había sido un accidente, rozó suavemente con la punta del pie el tobillo de Lee Sa-young.
***
Eui-jae tomó el pequeño marco de fotos que había sobre el cajón del salón. En la fotografía, Cha Eui-jae y Lee Sa-young sonreían hacia la cámara rodeándose mutuamente los hombros y la cintura. Un mundo donde la Grieta del Mar del Oeste nunca había aparecido.
Si esa grieta nunca hubiera existido… ¿Habríamos podido vivir así? Como una familia.
En ese momento sonó el teléfono que llevaba en el bolsillo. Eui-jae dejó el marco sobre el mueble y, dudando un momento, miró la pantalla. Era un mensaje.
NuestroEui-jae¿estáspasandounbuenalmuerzoconSa-young?^^Tullámaaestanoche,¿sí?~^^
Sin espacios, asfixiante, y lleno de caritas sonrientes. La remitente era…
Tía.
Park Hye-kyung. Eui-jae abrió el historial de mensajes con aquel número tan familiar. Había tantos que era imposible contarlos. Y el registro de llamadas mostraba una conversación, como mínimo, cada dos días.
Así que en este mundo… mi tía también sigue viva…
Como si pudiera tocar las palabras del mensaje, acarició distraídamente la pantalla. La luz del sol entraba a raudales por la gran ventana. Era cálida. Deslumbrante. Aquel lugar era perfecto. Pacífico. Como si hubiera sido moldeado únicamente con los mejores recuerdos.
Shhhhh…
El agua corría en el fregadero. Eui-jae levantó la cabeza. Lee Sa-young estaba de pie en la cocina, enjuagando la espuma de los platos. Debió de sentir su mirada, porque volvió la cabeza. Sus ojos se encontraron. Las pupilas violáceas mostraban una ligera curiosidad.
—…
Eui-jae apagó la pantalla del teléfono y volvió a guardarlo en el bolsillo. Ya había apagado el incendio más urgente. Ahora era momento de encontrar la forma de escapar de aquella mazmorra. El paisaje tras la ventana seguía siendo prácticamente el mismo.
La respuesta estará fuera de esta casa.
Aquella vivienda debía de ser una especie de zona segura. O un campamento base. Se dirigió hacia la puerta principal. Curiosamente, no tenía cerradura electrónica, sino una llave tradicional. Abrió el seguro y sujetó el picaporte con cuidado.
Solo echaré un vistazo.
Estaba preparado incluso para encontrarse con un monstruo en cuanto abriera la puerta. Giró el pomo con decisión. Y entonces…
—…¿Qué demonios?
Frente a él solo había un vacío absoluto.
Tac.
El zapato que había golpeado con el pie cruzó el umbral. Rodó. Y cayó. Pero nunca se oyó el sonido de su aterrizaje. Al otro lado de la puerta había un precipicio sin fondo. Todo alrededor era una oscuridad absoluta. Un auténtico vacío.
Con la mano aún sobre el pomo, Cha Eui-jae quedó petrificado frente a aquella oscuridad infinita. A lo lejos escuchó una voz.
—¿Hyung?
¿Qué es esto…? Esto no puede ser.
Si al otro lado de la puerta solo existía aquel vacío… ¿Qué era entonces el paisaje que se veía por las ventanas? ¿Dónde estaba el dueño de la mazmorra? ¿Hasta dónde llegaban sus límites?
En ese instante cesaron unos apresurados pasos. Unas manos y unos brazos todavía húmedos se enroscaron alrededor de su cintura como una serpiente.
Tac.
Un pecho firme se apoyó contra su espalda. Y una mano grande cubrió la suya sobre el pomo.
¡Bang!
La puerta se cerró de golpe. Junto a su oído resonó una respiración algo agitada. Solo entonces Eui-jae volvió en sí.
—Haa…
Sa-young soltó un largo suspiro, dejó caer un instante la cabeza sobre su hombro y enseguida volvió a levantarla.
—¿Está loco?
—No… Espera. ¿Tú también viste eso?
—Claro que lo vi. Si la puerta daba a semejante sitio, lo primero era cerrarla. ¿Qué hacía ahí parado?
Sa-young lo reprendió con dureza. Pero Eui-jae seguía mirando fijamente la puerta cerrada. Esta era una Mazmorra Memorial creada a partir de los recuerdos de alguien. Así que el alcance de la mazmorra era…
Murmuró:
—…Esta casa.
—¿Qué?
—El límite de la mazmorra. Debe de ser esta casa.
Solo esta casa. Un mal presentimiento empezó a subir lentamente desde sus pies. La mazmorra era la casa. Y la mayoría de las mazmorras solo podían completarse matando a su dueño. Entonces…
¿El dueño de la mazmorra estaba dentro de esa casa…?
No. No puede ser. De verdad tengo que dejar esa costumbre de imaginar siempre el peor escenario.
Mordiéndose el interior de la mejilla, apretó con fuerza el pomo. Entonces notó algo bajo la yema de los dedos. Abrió mucho los ojos. Sa-young tiró suavemente del brazo que aún rodeaba su cintura.
—¿Qué hace ahí? Aléjese de la puerta.
—No, espera.
Había una especie de marca bajo el pomo. Eui-jae apartó el brazo de Sa-young, se agachó frente a la puerta y observó de cerca aquella hendidura. Grabadas con claridad se leían tres letras.
HYS
Parecían iniciales. Mientras recorría el grabado con la uña, murmuró:
—¿HYS…?
—¿HYS?
—Sí. Está escrito debajo del pomo.
Nada más oír las letras, Lee Sa-young chasqueó la lengua.
—¿Qué hacen aquí las iniciales de ese imbécil…?
—¿De quién?
—Dijiste que esto era una mazmorra, ¿verdad? Uno creado a partir de los recuerdos de alguien.
—Sí.
—…¿Así que Hong Ye-seong también podía crear mazmorras? Bueno, teniendo en cuenta que podía manipular espacios independientes, tampoco sería imposible…
—¿Hong Ye-seong?
El rostro de Hong Ye-seong apareció en la mente de Eui-jae, sonriendo alegremente con el pulgar levantado. Un lunático irritante. Aunque increíblemente competente. Con los brazos cruzados, Sa-young respondió con expresión de desagrado.
—Tiene un ego enorme. Casi siempre deja su firma en todo lo que hace. Si considera que una obra es una auténtica obra maestra, usa caracteres chinos. Si solo era algo que hizo por entretenimiento, deja sus iniciales en inglés.
—Entonces aquí también…
—A menos que solo fabricara el pomo… lo más lógico es pensar que él creó esta mazmorra.
Presionándose el entrecejo con los dedos, Sa-young murmuró:
—Más exactamente… el Hong Ye-seong de este mundo.

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