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El cazador quiere vivir tranquilamente Novela Capítulo 119

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(Capítulo 119)

 

El aire se volvió pesado. Con el cuaderno sobre las rodillas y las manos entrelazadas, Jungbin cerró los ojos con fuerza. Los cadáveres enterrados allí. Entre ellos seguramente había varios cazadores que él conocía. Y el último superviviente que había presenciado la muerte de todos…

«Ya es un milagro que haya regresado así.»

Vivían en un mundo donde no eran pocos los cazadores que perdían la cordura tras ver morir a sus compañeros delante de sus propios ojos. Había experiencias que quienes no las habían vivido no podían consolar ni decir que comprendían.

Por eso, Jungbin apenas consiguió hablar con tono profesional.

—…Sí. Ahora entiendo por qué apareció en esa mazmorra invadida. Si esa era la razón, por supuesto que debemos colaborar. También necesitará información sobre las mazmorras de invasión, ¿verdad?

—¿De verdad está bien?

—No hay motivo para negarme. Como usted mismo dijo… es un héroe que salvó al país.

—Ngh…

J dejó escapar un pequeño gemido y retorció el torso, avergonzado. La reacción fue mucho más intensa de lo que Jungbin esperaba, así que él también terminó rascándose la nuca con cierta incomodidad. Había hablado con total sinceridad. Tras aclararse ligeramente la garganta, frunció el ceño.

—Ah, aunque conseguir esa información llevará un poco de tiempo. No está bajo mi jurisdicción.

—¿Quién la administra?

—No sé si habrá oído hablar de él… El responsable es Nam Woo-jin, líder del Gremio Seowon. Él fue quien descubrió por primera vez las mazmorras de invasión y desde entonces se ha encargado de supervisarlas.

Por un instante, los hombros de J se estremecieron. Jungbin lo observó con curiosidad antes de golpear suavemente el cuaderno con la punta del bolígrafo.

—Aun así, si se lo pedimos, seguro que nos la facilitará enseguida. J, ¿prefiere que no le diga que la solicitud viene de usted?

—…Sí, por ahora.

—Entendido. Y además…

Jungbin comenzó a ordenar rápidamente todo lo que J le había pedido.

Documentos sobre Prometheus. La primera aparición de Lee Sa-young como sujeto de pruebas de Prometheus. Lo mejor sería contarle al menos lo que pudiera allí mismo. No había garantía de que volvieran a poder ponerse en contacto como ese día.

Finalmente levantó la vista. J seguía de pie, completamente erguido. Jungbin preguntó con cautela:

—¿Hasta dónde sabe sobre Prometheus?

J respondió sin vacilar.

—Que atraen despertados usando drogas como cebo y los utilizan para crear despertados artificiales. Antes experimentaban con civiles que presentaban anomalías, como víctimas de grietas. Y que son una panda de inútiles fanáticos que hablan de detener el fin del mundo, pero jamás han conseguido un solo resultado.

—…

—…

Entre ambos cayó un breve silencio. Por un momento, Jungbin sintió que sus miradas se cruzaban tras la máscara.

—…

Seguro que ahora mismo tiene cara de cachorro que acaba de hacer una travesura.

Por alguna razón, estaba convencido de ello. De cualquier modo, siguió mirando fijamente la máscara negra.

«Ya no me queda nada más que contarle.»

La capacidad de síntesis de J era impresionante. Acababa de resumir en apenas tres líneas el contenido esencial de informes que ocupaban cientos de páginas. Era un resumen tan perfecto que Jungbin sintió ganas de enseñárselo a sus subordinados. No pudo evitar soltar:

—Pero… si ya lo sabe todo.

—…

—…

Tras guardar silencio unos segundos, J se agachó lentamente frente a Jungbin. Presionó con el puño la parte de la máscara donde estaría su boca y murmuró:

—¿Puedo retirar lo que dije hace un rato?

—Creo que ya es un poco tarde para eso…

—¿No puedes fingir que no lo escuchaste? Tenemos esa clase de confianza, ¿no?

—Lo siento.

—…Mierda.

Después de soltar el insulto con tono sombrío y quedarse pensando durante un buen rato, volvió a hablar.

—Entonces… ¿sabes qué es exactamente ese «fin del mundo» del que hablan esos fanáticos?

—Ah… ¿el fin del mundo?

Jungbin ordenó sus pensamientos antes de responder lentamente.

—Dentro de Prometheus existen personas conocidas como «profetas». Afirman que sueñan con un futuro donde llega el fin del mundo. Lo curioso es que, aunque son individuos distintos, todos describen un paisaje prácticamente idéntico.

—¿Y solo por eso actúan? ¿Porque creen que ese fin del mundo realmente ocurrirá?

—Así es.

Jungbin sonrió con amargura.

—La verdad es que cuesta creerlo. Suena como una secta religiosa. Pero aunque todo fuera mentira, el problema es que ellos lo creen, aumentan su influencia y perjudican a mucha gente. Además…

De forma inevitable, la imagen de una muchacha con gafas apareció en su mente.

Yoon Ga-eul.

La joven capaz de contemplar fragmentos del mundo. Ella había visto un mundo destruido y había profetizado que este mundo también acabaría enfrentándose al fin.

Jungbin se frotó la boca mientras suspiraba.

—…El fin del mundo realmente llegará. No puedo darle demasiados detalles, pero… creo que puedo decirle esto. Hay un cazador capaz de leer información muy especial. Esa persona también predijo el fin del mundo. Y existen pruebas bastante fiables para respaldarlo.

Los hombros de J volvieron a estremecerse. Claro. Por mucho que fuera él, cualquiera se sorprendería al oír que el fin del mundo estaba por llegar.

Jungbin lo observó con cierta lástima. Después de sobrevivir a aquel infierno dentro de la grieta, ahora tenía que enfrentarse a semejante noticia. Era normal que quedara conmocionado.

—Por eso intentábamos encontrarlo, J. Llegamos a la conclusión de que necesitamos su ayuda para detener el fin del mundo.

Y Cha Eui-Jae pensó:

¿Y ahora qué hago?

Su antiguo compañero, el amable Jungbin, observaba con evidente preocupación la máscara negra de Eui-Jae. Parecía temer que aquella noticia lo hubiera dejado en shock.

¿En shock?

Sí que lo estaba. Pero por un motivo completamente distinto.

«Mierda…»

Menos mal que llevaba la máscara. Ni siquiera su habilidad para mantener la cara de póker habría conseguido ocultar la expresión que tenía en ese momento. En cualquier caso…

Estaba en un buen lío.

«Resulta que yo ya sabía demasiado…»

¡La mayoría de la información que Jungbin le estaba revelando tras decidirse a compartir secretos no era nueva para él!

Eui-Jae empezó a replantearse seriamente su vida. Estaba seguro de que había intentado vivir discretamente. No sabía exactamente cómo se hacía, pero al menos lo había intentado. Y había fracasado estrepitosamente.

¡Para ser un simple empleado de un restaurante de sopa para la resaca, sabía desde secretos celosamente guardados por la Oficina de Gestión de Despertados hasta los objetivos de una extraña secta!

«¿Nam Woo-jin administra la información sobre las mazmorras de invasión?»

Lo sabía.

No solo lo conocía: había llegado a atender a su abuela y hasta le había dado un Black Ticket (N/T: la invitación a la subasta).

«¿Un cazador capaz de leer información especial y que predijo el fin del mundo?»

También sabía quién era.

Seguramente se trataba de Yoon Ga-eul. Aquella estudiante había ido primero al restaurante, había hablado del fin del mundo e incluso le había mostrado cómo era un mundo ya destruido. Llegados a ese punto, hasta él mismo empezó a asustarse de todo lo que sabía.

Sin darse cuenta, murmuró:

—Parece que de verdad no nací para vivir tranquilamente…

—¿Perdón?

—Nada. Entonces… ¿qué hay de Lee Sa-young?

—Lee Sa-young… Mmm… Cuando apareció por primera vez…

Jungbin volvió a fruncir el ceño mientras rebuscaba en sus recuerdos. Después comenzó a hablar lentamente.

—Fue hace siete años. La Oficina de Gestión de Despertados recibió un informe de inteligencia.

Era sobre unas instalaciones de investigación…

…donde secuestraban personas para experimentar con ellas.

***

Siete años atrás.

En una noche donde el aire frío descendía sobre el bosque, las nubes ocultaban la luna mientras varias siluetas avanzaban silenciosamente aprovechando la oscuridad. El hombre que iba al frente, caminando agachado, hizo una señal con la mano hacia quienes lo seguían.

Al instante, todos se detuvieron.

El hombre era Jungbin. Se ajustó el casco antibalas y la mascarilla con los que ocultaba el rostro. La ladera de la montaña estaba inquietantemente silenciosa. Ni siquiera se oía el típico grito de un corzo. Desde detrás de un árbol, un hombre corpulento susurró:

—…Jefe, ¿está seguro de que es aquí? No siento absolutamente ninguna presencia.

—Si la información que recibimos era cierta… sí.

—Vaya…

—Y si era falsa, mejor para todos. Confírmelo, por favor.

Jungbin respondió brevemente mientras le hacía un gesto. El hombre corpulento, Bae Wonwoo, sacó unas gafas de visión nocturna del cinturón y comenzó a inspeccionar los alrededores. En ese momento, un aroma dulzón apareció de la nada y les hizo cosquillas en la nariz.

Jungbin frunció el ceño. Al mirar hacia atrás comprobó que los demás miembros del equipo también lo habían notado.

—¿No huelen algo?

—Sí… ¿Qué es ese olor de repente…?

—¡J-jefe!

Fue entonces cuando Bae Wonwoo alzó la voz.

Jungbin giró de inmediato.

—¿Qué ocurre?

—Tiene que verlo usted mismo… Hay algo ahí… No, una persona…

Completamente alterado, Bae Wonwoo le entregó apresuradamente las gafas. Jungbin observó los alrededores a través de ellas. Y abrió los ojos de par en par. En medio de la frondosa montaña se alzaba un edificio completamente blanco, totalmente fuera de lugar.

Pero ¿cómo era posible que unos cazadores con sentidos tan agudos no hubieran detectado una estructura tan extraña? Como si quisiera responder esa pregunta…

El viento sopló. Las nubes se apartaron. La luna llena, que había permanecido oculta, emergió lentamente e iluminó aquello.

Jungbin murmuró sin darse cuenta:

—…Dios mío.

Lo que cubría el edificio era un líquido negro, espeso y viscoso.

No.

¿De verdad podía llamarse líquido?

Aquella sustancia se retorcía como si estuviera viva y cubría por completo todas las paredes del edificio.

Sssss…

Algo se estaba derritiendo. Todo cuanto la rodeaba se corroía lentamente. Y, en medio de aquella oscuridad… Solo había una cosa blanca.

—Eso es…

—¿Es una persona?

Preguntó Bae Wonwoo, incapaz de contener la emoción.

Jungbin no respondió. Se quitó las gafas. Ahora que las nubes habían desaparecido, podía verlo perfectamente a simple vista. En medio del edificio cubierto por aquella sustancia negra había un pequeño círculo blanco, el único lugar que no estaba contaminado por el veneno. El viento volvió a soplar.

Un cabello largo, desordenado y que le cubría la nuca se agitó suavemente. El dulce aroma seguía flotando en el aire. Y allí…

—…

Había un muchacho vestido con una amplia ropa blanca.

 

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Chapter 119