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El cazador quiere vivir tranquilamente Novela Capítulo 120

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(Capítulo 120)

Por instinto lo supo.

‘Un despertado.’

Y no era un despertado cualquiera. El aura que emanaba aquel muchacho estaba lejos de ser normal.

Jungbin hizo una señal con la mano hacia los cazadores. Los que habían ido cerrando el cerco retrocedieron de inmediato, perfectamente coordinados. Sacó una cadena y la enrolló alrededor de su mano. Aunque era imposible que no hubiera oído el ruido o percibido su presencia, el muchacho ni siquiera se volvió a mirarlos. Un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Bae Wonwoo, que acababa de recuperar las gafas de visión nocturna, alternó la vista entre el visor y sus propios ojos mientras observaba al muchacho.

Seguía inmóvil, erguido como una isla solitaria. El pantalón le quedaba corto y dejaba los tobillos completamente al descubierto. Peor aún, estaba descalzo. Aquella calma no encajaba con un lugar tan espantoso, donde todo parecía haberse derretido.

—…Se ve bastante peligroso, jefe.

Hasta el propio Bae Wonwoo, que normalmente ya habría corrido a rescatar al muchacho, percibía que algo iba mal. Aquel lugar era inquietante. Incluso el aire parecía pesado, como si hubiera sido invadido por aquel líquido negro.

Jungbin no respondió; simplemente asintió.

Bae Wonwoo se rascó el cabello corto con brusquedad.

—Por donde lo veas… diría que fue ese chico quien dejó todo este lugar así.

—Pero acercarse parece una forma segura de buscar la muerte… Mierda, ¿qué hacemos? ¿Intentamos acercarnos?

—No. Espera.

—¿Por qué?

—Primero debemos comprobar que sea seguro.

El laboratorio donde, según los informes, secuestraban personas para experimentar con ellas estaba completamente derretido por algo.

Solo se percibía una única presencia. El único superviviente, vestido con algo parecido a una bata de hospital, estaba extrañamente intacto. Solo se le ocurrían posibilidades inquietantes. Tras respirar hondo, Jungbin recogió una piedra del suelo y la lanzó hacia el líquido negro.

Chiiii…

En cuanto la piedra lo tocó, comenzó a disolverse. Un instante después se hundió en el pantano envuelta en humo negro. Bae Wonwoo abrió los ojos de par en par. Jungbin habló con calma.

—Será mejor no acercarnos imprudentemente. Tendremos que buscar otra ruta.

—¿Eso qué es? ¿Ácido? ¿Ácido clorhídrico o sulfúrico? ¿O algún veneno?

—No lo sé. Habrá que analizar su composición… pero, sea lo que sea, sigue siendo una sustancia peligrosa.

Bae Wonwoo frunció el ceño mientras observaba al muchacho. Entonces cayó en la cuenta.

—…Debe de ser un despertado.

—Sí. Solo hace falta ver que sigue ileso en medio de todo esto.

—¿Acabará de despertar?

—Eso todavía no lo sabemos. Habrá que comprobarlo.

Jungbin se incorporó. La cadena tintineó suavemente. Bae Wonwoo también empezó a levantarse, pero Jungbin negó con la cabeza.

—Retroceda junto con los demás. Yo hablaré con él.

—Pero todo alrededor es veneno. ¿No sería mejor que fuera yo? Al menos soy resistente.

—Por muy resistente que sea, cazador Bae Wonwoo… no creo que pudiera soportar esto.

Jungbin señaló el líquido negro con la barbilla. Tras dudar un momento, Bae Wonwoo retrocedió dando pequeños pasos. Los despertados recientes apenas podían controlar sus habilidades. Además, el brusco desarrollo de sus sentidos los volvía extremadamente sensibles. Acercarse demasiado solo serviría para alterarlos.

Después de observar los alrededores, Jungbin subió a una roca que aún no había sido cubierta por el líquido negro.

—¿Puede oírme?

El muchacho levantó lentamente ambas manos.

¿Iba a atacar?

Jungbin apretó con fuerza la cadena. Sin embargo, el muchacho solo movía lentamente los dedos. Como si estuviera observando el movimiento de sus propias manos, sus ojos violetas seguían cada uno de sus gestos. Luego miró sus pies. Frotó lentamente las plantas contra el suelo blanco y finalmente dio un paso.

Después se sentó en el suelo con las piernas estiradas. Cada uno de sus movimientos era lento, cauteloso… como si todo le resultara extraño.

‘Como alguien que vuelve a moverse después de muchísimo tiempo…’

Jungbin volvió en sí. El cabello largo, descuidado y enmarañado, como si llevara años sin cortárselo. La ropa demasiado fina para salir al exterior y además demasiado corta para su cuerpo. Un laboratorio donde secuestraban personas para experimentar con ellas…

‘Debe de ser una víctima de secuestro.’

Fuera lo que fuese lo que hubiera ocurrido, primero tenían que rescatarlo.

Tras inhalar profundamente, Jungbin gritó:

—Soy Jungbin, de la Oficina de Administración de Despertados. Hemos venido a rescatarlo.

El muchacho, que hasta entonces no le había prestado la menor atención, giró bruscamente la cabeza y lo miró fijamente.

Su rostro era tan blanco que parecía desprovisto de sangre. No mostraba ninguna expresión. Justo cuando Jungbin iba a seguir hablando…

El muchacho levantó ambas manos y se rodeó el cuello con ellas. Parecía como si estuviera estrangulándose. Jungbin abrió mucho los ojos y extendió una mano.

—¡Espera…!

Por suerte, el muchacho solo parecía estar comprobando algo. Sus manos fueron subiendo lentamente. Recorrió su cuello, la barbilla y las mejillas con los dedos antes de parpadear despacio. Sus ojos violetas no estaban mirando a Jungbin. Abrió la boca. Su lengua era completamente negra.

—Mm… eh…

Su forma de hablar era torpe. Como un niño que acaba de aprender a hablar, estuvo un largo rato murmurando sonidos inconexos. Y finalmente, la primera palabra que logró pronunciar fue:

—…J.

Un nombre imposible de olvidar. Un nombre demasiado familiar. Jungbin abrió los ojos. El muchacho continuó, con evidente dificultad.

—¿Cuánto…?

Pero enseguida empezó a toser violentamente.

Sin pensarlo, Jungbin saltó de la roca y corrió hacia él.

***

El agua brotaba con fuerza de una manguera roja de goma.

—¡Puaj!

Jungbin escupió al suelo el contenido que le subía por la garganta. La sangre oscura se mezcló con el agua cristalina y fue arrastrada por la corriente. Ni siquiera el antídoto había evitado que terminara así. Aunque, pensándolo bien, quizá debería agradecer que hubiera funcionado.

Se enjuagó la boca con agua y soltó una risa amarga. Al levantar la cabeza vio su rostro completamente pálido.

‘Menos mal que los demás no se acercaron.’

Se limpió el agua de los labios con el dorso de la mano y se puso en pie. Tal como había supuesto, lo que cubría el laboratorio era veneno. Lo que no esperaba era que fuera tan poderoso. Lo bastante como para afectar incluso al cuerpo de un cazador de rango S, prácticamente inmune a la mayoría de alteraciones.

Con semejante veneno cubriéndolo todo, era imposible encontrar información útil. Mientras tragaba el sabor metálico de la sangre que seguía subiéndole por la garganta, pensó:

‘Es demasiado peligroso llevarlo directamente a la Oficina de Administración de Despertados…’

La mejor alternativa era permanecer temporalmente en una casa abandonada al pie de la montaña. Durante el Día de la Grieta se había abierto una grieta en el arroyo cercano, obligando a todos los civiles de la zona a evacuar apresuradamente. Gracias a eso, no fue difícil encontrar una vivienda deshabitada con agua corriente.

Detrás de él resonaron unos pasos pesados. Jungbin se volvió.

A pesar del frío, Bae Wonwoo llevaba remangada hasta los hombros su camiseta negra de manga corta mientras se rascaba la cabeza.

—¿Se encuentra bien, jefe? Ya le di el último antídoto que nos quedaba…

—Estoy bien. ¿Y el objetivo?

—Le dije que entrara cuando terminara de limpiar una habitación, y fue él solo. Es más tranquilo de lo que esperaba. Ahora voy a cortar algo de leña para encender el fuego.

Desde la desaparición de J en la grieta del Mar del Oeste, la Oficina de Administración de Despertados había quedado gravemente debilitada.

El vacío que había dejado era inmenso. Tan grande que nadie podía reemplazarlo. Después de todo, J había gestionado él solo una cantidad de mazmorras y grietas varias veces superior a la de cualquier otro cazador. Para cubrir esa ausencia, la Oficina inició una gran campaña de reclutamiento. Bae Wonwoo había sido contratado de urgencia como parte de ese proceso.

Jungbin preguntó:

—Cazador Bae Wonwoo, ¿está seguro de que no quiere volver al cuartel? Yo puedo ocuparme solo.

—No se preocupe. Esto no es para tanto.

Todos los demás cazadores ya habían regresado. La habilidad del muchacho era demasiado peligrosa y, con la grave escasez de personal que sufría la Oficina, no podían permitirse dejar a tanta gente fuera. Sin embargo, Bae Wonwoo se había ofrecido voluntario para quedarse.

Con una sonrisa animada comentó:

—Queda una habitación libre. Podemos compartirla usted y yo. O, si prefiere, monto una tienda en el patio.

—Compartámosla. ¿Ha hablado con el objetivo?

—Sí. Le pregunté cosas como «¿Estás bien?» o «¿Te duele algo?», y respondió con «sí» o «no». Pero habla raro… como si le costara pronunciar.

Bae Wonwoo cruzó los brazos y frunció el ceño.

—Tiene buen aspecto y es más alto de lo que parecía. Pero habla fatal. Como si hubiera pasado mucho tiempo con una mordaza…

Sacudió la cabeza.

—Bah, de nada sirve especular. ¿Cuánto tiempo nos quedaremos aquí?

Jungbin, que estaba en cuclillas, se levantó y cerró el grifo.

El fino hilo de agua dejó de caer.

—Hasta que el objetivo recupere la estabilidad y controle completamente su habilidad.

—…¿Qué?

—Nos quedaremos aquí hasta entonces. Llevar al cuartel a alguien incapaz de controlar un veneno como este supone un riesgo demasiado grande. No solo para la Oficina, sino también para los civiles.

—Esto sí que…

—Si quiere, puede regresar primero.

—No, tampoco es eso.

Jungbin dirigió la vista hacia la puerta cerrada.

No se oía apenas ningún ruido desde el interior.

¿Estaría simplemente sentado allí?

Víctima de un secuestro.

Único superviviente.

Responsable de destruir el laboratorio.

Y la primera palabra que aquel muchacho de habla torpe había pronunciado…

«…J.»

¿Por qué había salido de sus labios el nombre del héroe desaparecido en la grieta del Mar del Oeste? ¿Existía alguna relación entre ambos?

Jungbin caminó con decisión hasta la puerta. Tras aclararse ligeramente la garganta, escuchó un leve movimiento al otro lado. Abrió la puerta con cuidado. El muchacho, sentado en un rincón de la habitación, levantó la cabeza. Jungbin preguntó cortésmente:

—¿Cómo se encuentra?

—Eso da igual.

La voz fría hizo que Jungbin abriera mucho los ojos.

Los ojos violetas del muchacho destellaban con dureza.

—¿Cuánto… tiempo ha pasado?

—¿Cómo…?

—La grieta.

Lo preguntó como si escupiera cada palabra.

—¿Cuánto tiempo ha pasado?

 

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Chapter 120