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El cazador quiere vivir tranquilamente Novela Capítulo 121

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(Capítulo 121)

 

Jungbin observó el rostro del muchacho. Detrás de aquella expresión feroz se escondía una clara desconfianza.

Será mejor hacer que baje la guardia primero.

Tendrían que convivir hasta que sus habilidades se estabilizaran. Cuanto antes construyeran una relación de confianza, mejor. Jungbin sacó un portátil de su inventario y habló con calma.

—Primero le explicaré la situación. Soy Jungbin, cazador de la Oficina de Gestión de Despertados. Recibimos información sobre unas instalaciones donde secuestraban personas para experimentar con ellas. Fuimos allí, lo rescatamos a usted, el único superviviente, y lo trajimos hasta aquí.

—…

—Hay muchas cosas que debo explicarle y muchas que me gustaría preguntarle, pero…

Con cautela, añadió:

—Antes que nada, quisiera hacerle una sola pregunta. ¿Ha visto una ventana blanca y rectangular?

El muchacho, que había permanecido en silencio, asintió lentamente. Ver la ventana del sistema significaba que había sido elegido por el Sistema. Era justo lo que Jungbin esperaba.

—Entonces ha despertado. ¿Recuerda cuándo la vio por primera vez?

—…Hace poco.

La respuesta era demasiado vaga. Jungbin dio unos golpecitos sobre el portátil antes de volver a mirarlo. La desconfianza seguía intacta. Desde la puerta entreabierta llegaban unos rítmicos golpes.

¡Pam! ¡Pam!

Bae Wonwoo estaba partiendo con las manos desnudas unos troncos secos que había recogido por ahí. Mientras Jungbin buscaba cómo continuar, el muchacho tomó la iniciativa.

—…Dijiste Oficina de Gestión.

—Así es. Ah, si no sabe qué es la Oficina de Gestión de Despertados, puedo explicárselo…

—Lo sé.

El muchacho lo observó fijamente antes de volver a preguntar.

—Entonces… ¿la grieta?

Parecía que, si no respondía primero a esa pregunta, sería imposible avanzar. Jungbin abrió el portátil.

—¿Podría decirme a qué grieta se refiere exactamente? Si conozco la ubicación, será mucho más fácil encontrarla.

Los hombros tensos del muchacho parecieron relajarse un poco. Después de observar detenidamente a Jungbin, respondió con brusquedad.

—No sé.

—¿Perdón?

Jungbin abrió mucho los ojos. El muchacho añadió con indiferencia:

—No sé dónde está.

—Mmm… ¿Recuerda algún otro dato? ¿Cuándo apareció? Aunque solo sea una fecha aproximada.

—No sé.

Hablaba con cierta torpeza, pero había una cosa que decía con total claridad: que no sabía.

Sus ojos violetas se posaron sobre el portátil con el emblema de la Oficina de Gestión de Despertados. Inclinó ligeramente la cabeza.

—También… podría haber sido una mazmorra.

—…

—En cualquier caso… dijo que tardaría mucho.

—¿Una grieta o una mazmorra que lleva mucho tiempo abierta…?

No era precisamente información muy útil. «Mucho tiempo» podía significar cualquier cosa. Jungbin se frotó la barbilla con el pulgar. El muchacho desvió la mirada.

—…No sé nada más.

—Entiendo. De todos modos intentaré buscarla.

Cuanta más información obtenían, más posibilidades aparecían. Casi parecía más sencillo revisar todas las grietas y todas las mazmorras registradas. Resignado, Jungbin empezó a recorrer en el portátil la lista de grietas y mazmorras ordenadas por fecha. Mientras observaba su perfil, el muchacho murmuró de repente:

—…No. Es mejor preguntar esto.

—¿Sí?

—Tú sí eres de la Oficina de Gestión, ¿verdad?

—Así es.

—¿Conoces a J?

—¿Eh?

Al oír otra vez el nombre de J, Jungbin levantó la cabeza. 

¿Tendría alguna relación con él? ¿O quizá lo admiraba y lo había tomado como ejemplo? Al fin y al cabo, J era el héroe del país.

Con expresión inescrutable, el muchacho se sentó abrazándose las rodillas y apoyó la barbilla sobre ellas mientras miraba fijamente a Jungbin. Sus labios resecos se movieron apenas.

—Dicen que J murió.

Las manos de Jungbin, que no habían dejado de moverse sobre el teclado, se detuvieron. La muerte de J. Para todo el mundo era un hecho consumado. Pero, al parecer, para aquel muchacho no. Habían pasado aproximadamente tres meses hasta que la muerte de J fue declarada oficialmente. Si conseguía sacarle un poco más de información, quizá podría calcular cuándo había sido secuestrado y llevado a aquel laboratorio.

Justo cuando Jungbin iba a responder… El muchacho parpadeó. Se mordió los labios pálidos y cerró lentamente los ojos. Durante un brevísimo instante, una emoción cruzó aquel rostro inexpresivo. Con los ojos fuertemente cerrados, preguntó con voz temblorosa:

—¿Cuánto tiempo ha pasado?

La emoción que impregnaba aquella voz era, sin duda…

—…

Una desesperación tan profunda que parecía no tener fondo. Jungbin fue incapaz de responder. ¿Cómo podía un chico tan joven cargar con semejante desesperación? Pero aquella reacción pareció bastar como respuesta. El muchacho se puso de pie tambaleándose. Jungbin dejó el portátil y se levantó apresuradamente detrás de él. En cuanto le sujetó el brazo…

—¡Suéltame!

¡Zas!

El muchacho se soltó bruscamente, abrió la puerta de un empujón y salió corriendo descalzo. En el patio, Bae Wonwoo estaba apilando leña. Se quitó un auricular inalámbrico con expresión desconcertada y gritó:

—¡Eh! ¡¿A dónde vas sin zapatos?! ¡Te dejé unas sandalias!

Naturalmente, no obtuvo respuesta. El muchacho desapareció entre la maleza. ¿Debía perseguirlo? No… Si hiciera falta, el jefe ya habría dado la orden. Bae Wonwoo murmuró para sí mientras volvía a ordenar la leña. Entonces…

¡PUM!

—¿Eh?

Sonó un fuerte golpe. Sobresaltado, se dio la vuelta. Y…

—¡Ah!

Aspiró aire de golpe. Jungbin estaba inmóvil con la cara incrustada en el marco superior de la puerta. Como si fuera poco, la gruesa madera se había agrietado por el impacto. Solo podía verse la parte inferior de su rostro, pero tenía los labios firmemente apretados. No era buena señal. El techo de la casa era demasiado bajo. Y Jungbin era demasiado alto.

Bae Wonwoo tartamudeó.

—J-jefe… ¿Qué…? ¿Qué demonios pasó?

—…

—No me diga que… ¿lo interrogó?

—No hice nada de eso. Solo…

Jungbin apoyó un brazo en el marco y dejó caer la frente contra él.

—No… No es nada. Supongo que simplemente me faltó habilidad.

—¿Eh?

Siempre era tranquilo y sereno. Verlo murmurar de esa forma dejaba a Bae Wonwoo completamente perdido. Solo pudo quedarse de pie esperando instrucciones. Después de respirar hondo durante un rato, Jungbin levantó la cabeza.

—…Cazador Bae Wonwoo, ¿tiene hermanos?

—¿Eh? Sí. Tengo un hermano menor.

Una respuesta esperanzadora. Fuera como fuera, alguien con hermanos debía saber tratar mejor con un adolescente difícil que un hijo único. Jungbin señaló el bosque por donde había desaparecido el muchacho.

—¿Podría seguir al objetivo? No lo obligue a regresar. Solo asegúrese de que esté a salvo y quédese con él.

—Sí… No tengo problema.

—Entonces… se lo encargo. Yo tengo algo que revisar.

Murmurando con tono sombrío, Jungbin volvió a entrar en la casa arrastrando los pies. La puerta se cerró. Sin deberlo, Bae Wonwoo acababa de recibir una misión importante. Con resignación, comenzó a subir la montaña. 

Entre la tenue luz del amanecer y la niebla que cubría el bosque, avanzaba sosteniendo unas sandalias verdes de goma.  Pisando la hierba alta, examinaba los alrededores. No había senderos ni caminos. Era una montaña donde casi nadie entraba. Lo normal era que el muchacho hubiera dejado algún rastro. Pero Bae Wonwoo nunca había destacado por su capacidad de observación ni por los trabajos delicados. Y si perdía demasiado tiempo, podía surgir algún peligro.

—Bueno… no queda otra.

Al fin y al cabo, obedecer órdenes era el destino de cualquier empleado. Se llevó las manos a la boca a modo de megáfono, respiró hondo y gritó con todas sus fuerzas:

—¡¡Oyeee!! ¡¿Dónde estás?!

Su voz resonó entre los árboles. Unas aves, asustadas, levantaron el vuelo batiendo las alas. No hubo respuesta. Volvió a gritar.

—¡¡Oyeee!! ¡Es peligroso andar solo por la montaña! ¡Aunque seas un despertado!

Cuando el eco empezaba a apagarse, volvió a llenar los pulmones. Entonces una voz irritada sonó justo detrás de él.

—Ya basta. Haces demasiado ruido.

Bae Wonwoo se giró de golpe. El muchacho estaba sentado sobre una gruesa rama. Ni siquiera sabía cómo había conseguido subir hasta allí. Se rascó la cabeza.

—Uf… Menos mal que estás bien.

—…

—¿Por qué saliste corriendo sin zapatos?

El muchacho giró la cabeza con gesto de fastidio. Aun así, Bae Wonwoo siguió hablando como si nada.

—Nosotros no somos malas personas. Somos cazadores de la Oficina de Gestión de Despertados. Vinimos para ayudarte.

—…

El muchacho apenas le prestaba atención. Solo balanceaba las piernas distraídamente. A pesar de haber corrido por toda la montaña, sus pies seguían tan pálidos e impecables como antes. El jefe le había dicho que solo permaneciera a su lado…

Pero, de todas formas, habrá que llevarlo al campamento.

Conocía perfectamente el verdadero significado de aquella orden. En otras palabras: convéncelo como puedas y tráelo de vuelta. ¿Cómo podía persuadirlo? Mientras lo pensaba, una idea cruzó su mente. Él también había oído las primeras palabras que el muchacho pronunció entre las ruinas.

J.

Aunque J haya muerto… hoy en día no hay nadie a quien no le gusten los cazadores.

—Acabas de despertar, ¿verdad? Seguro que todavía no sabes controlar bien tus habilidades. Ni entiendes cómo funciona la ventana del Sistema.

—El jefe y yo podemos ayudarte.

—…

—Además, pareces bastante fuerte. Podrías convertirte en cazador. Como el jefe… o como yo.

—…¿Cazador?

—Sí.

El muchacho lo observó fijamente desde la rama.  Bien. Parecía que había mordido el anzuelo. Tras un largo silencio, habló despacio.

—Si me convierto en cazador…

—¿Sí?

—Podré entrar en las grietas, ¿verdad?

—¿Las grietas? Claro. Los cazadores entramos en grietas, en mazmorras… cazamos monstruos.

—Entonces… si entro en una grieta…

El muchacho inspiró profundamente antes de inclinar ligeramente la cabeza.

—…¿También podré encontrar a las personas que entraron antes?

 

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Chapter 121