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(Capítulo 123)
Jungbin terminó su largo relato y se aclaró la garganta con una leve tos. Su mirada apacible descendió por un instante hasta los pies de Eui-jae antes de apartarse. Bajo la luz parpadeante del farol, las sombras que se mecían quedaron inmóviles.
—Por cierto, J… Como no dijiste nada, decidí no insistir, pero… ¿de verdad estás bien?
—Ah, sí. Estoy bien.
—¿De verdad?
—Sí. Ya sé lo que pasó, así que no te preocupes.
Eui-jae se encogió de hombros con indiferencia y, de pronto, preguntó en tono juguetón:
—Por cierto, ¿sabes qué pasó con mis bienes? ¿Los confiscó el Estado?
Cuando vivía como J, casi todas las cuestiones relacionadas con el dinero las manejaba su tía. Decía que era necesario para que nadie descubriera su identidad. Nunca le molestó demasiado. Tampoco tenía dónde gastar el dinero, así que jamás le dio importancia.
Incluso ahora, el dinero no era algo que necesitara con urgencia. Pero habían pasado ocho años. Le daba curiosidad.
Sin embargo, la respuesta de Jungbin fue algo que jamás habría imaginado.
—Ah, no. El director los ha estado conservando. Es algo sin precedentes, pero… sí. Parece que encontró la forma de hacerlo.
Tras vacilar un momento, añadió con cuidado:
—También compró la casa donde vivía la cazadora Park Hyekyung.
—…
¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que oyó el nombre de su tía salir de labios ajenos?
Un nombre que antes le resultaba tan familiar y cercano ahora sonaba extrañamente distante. La sensación no le gustó. Eui-jae cambió de tema de forma evidente.
—Sigamos hablando de Lee Sa-young.
—…Sí, de acuerdo.
Jungbin se frotó las yemas de los dedos antes de continuar.
—La verdad es que cuesta creerlo. Eso de volver a abrir una grieta cerrada. Pero, viendo todo lo que hizo después Lee Sa-young… creo que hablaba completamente en serio.
—¿Todo lo que hizo?
—Mmm… ¿Cómo podría describirlo…?
Se quedó pensando un instante y finalmente soltó un suspiro.
—Sí… La mejor forma de decirlo sería que fue como una excavadora.
Una excavadora.
Era una palabra que no encajaba en absoluto con el Lee Sa-young tranquilo, relajado y siempre despreocupado que Eui-jae conocía.
Inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Hasta ese punto?
—Sí. Después de que apareciera Lee Sa-young, todo cambió. J, tú fuiste quien calmó el caos… pero él fue quien hizo evolucionar aquella estabilidad. El mundo de los cazadores empezó a organizarse de verdad y el poder, que hasta entonces estaba concentrado en la Oficina de Gestión de Despertados, comenzó a repartirse entre los gremios. Todo empezó con él.
—…
—Después de terminar su entrenamiento para controlar sus habilidades en aquella casa abandonada, regresó a la sede y realizó la evaluación de rango. Como era de esperar, fue clasificado como un S sin la menor duda.
En una época sumida en el caos por la desaparición de J, la aparición de un tercer cazador de rango S acaparó todas las miradas. Ocultaron que había estado en un laboratorio de investigación. Pero solo con su extraordinario aspecto y su peligrosa habilidad bastó para convertirse en el centro de atención.
Y, lejos de sentirse incómodo por ello… Aceptó todas aquellas miradas y toda aquella atención como si fueran lo más natural del mundo. Más aún. Sabía utilizarlas a su favor.
—Reveló sin dudar tanto su nombre como su rostro.
Lee Sa-young.
La gente enloqueció con aquel nuevo cazador de rango S que no ocultaba su identidad. Era tan poderoso como caprichoso, pero había llenado a la perfección el vacío dejado por J. Nadie se atrevía a criticarlo.
—No sé si lo sabrás, pero por aquel entonces el cazador Song Joheon ya había abandonado la Oficina de Gestión de Despertados y fundado Samra, el primer gremio oficial de Corea. Tanto él como la propia Oficina, que sufría una enorme escasez de personal, intentaron reclutar a Lee Sa-young, pero…
Jungbin sonrió con cierta incomodidad.
—…Los ignoró a todos.
Parecía que delante de «ignoró» faltaba un «completamente», pero ni Jungbin ni Eui-jae hicieron comentario alguno.
Eui-jae recordó el descarado y hermoso rostro de Lee Sa-young. La verdad era que aquello encajaba perfectamente con él. Solo con escuchar las historias de Jungbin quedaba claro que desde el principio había sido un auténtico descarado.
‘…No.’
Junto a la imagen de Lee Sa-young sonriendo con la comisura de los labios levantada apareció la del muchacho vendado que se acercaba tímidamente para sentarse a su lado.
¿Acaso no era el mismo Lee Sa-young que, aun sin poder mover bien el cuerpo, decía todo lo que quería solo señalando con un dedo?
Tenía mucho carácter. Pero… ¿realmente podía llamársele un maleducado? Después de todo, había hecho lo mejor que había podido…
‘…¡Ah!’
En ese instante, Eui-jae comprendió algo.
¡El Lee Sa-young actual, descarado, caprichoso y con un talento innato para sacar de quicio a cualquiera, y aquel chico amable y obediente, aunque testarudo, coexistían dentro de la misma persona!
‘…Mierda.’
Bajo la máscara, su rostro palideció. Fue un impacto comparable a plantar semillas de brotes de soja… y que terminaran creciendo ramas de berenjena.
¿Será que se volvió tan maleducado porque no estuve a su lado durante su adolescencia?
Mientras Eui-jae se estremecía al descubrir de golpe la importancia de una buena educación, Jungbin siguió hablando con absoluta seriedad.
—Después de eso, Lee Sa-young empezó a conquistar mazmorras y cerrar grietas por su cuenta. Cuando reunió suficiente dinero, fundó el Gremio Pado/Wave. Fue entonces cuando también reclutó al cazador Bae Wonwoo. De hecho… a mí también me hizo una oferta.
Jungbin dejó la frase en el aire.
Eui-jae, que por fin había recuperado la compostura, respondió:
—La rechazaste. Si no, ahora no seguirías en la Oficina.
—Así es. No pretendo sobrevalorarme, pero… también era necesario que hubiera alguien con cierta influencia dentro de la Oficina de Gestión de Despertados. Solo así podía mantenerse el equilibrio.
Se frotó la comisura de los labios.
—En cualquier caso… el Gremio Pado/Wave expandió rápidamente su influencia. No tenía muchos cazadores, pero invirtió enormes cantidades de dinero en un equipo de investigación gigantesco.
—¿Enormes cantidades… cuánto es exactamente?
—Hasta el punto de que corría el chiste de que gastaban absolutamente todo el dinero obtenido al conquistar mazmorras y cerrar grietas en investigación, así que nunca les quedaba nada. Además, como bien sabes, hasta entonces sobrevivir era la prioridad. Nadie podía permitirse investigar seriamente.
—Es cierto.
Aquellos fueron días en los que incluso seguir vivo era difícil. Las grietas y las mazmorras aparecían sin previo aviso, sin reglas aparentes. Monstruos desconocidos surgían uno tras otro. Todo el mundo vivía únicamente para sobrevivir.
Jungbin habló con cautela.
—Pero después de que la grieta del Mar del Oeste se cerrara… todo quedó extrañamente en calma durante un tiempo. La frecuencia con la que aparecían nuevas grietas cayó a niveles que jamás habíamos visto. Gracias a eso también fue mucho más fácil investigar.
—…
—Aquellas investigaciones fueron la base que convirtió al Gremio Pado/Wave en uno de los tres grandes gremios de Corea. Y, como recompensa…
Eui-jae levantó la cabeza al sentir la mirada de Jungbin. Este lo observaba fijamente. Sus labios se movieron lentamente.
—El gobierno le cedió la propiedad de la grieta del Mar del Oeste a Lee Sa-young.
—…¿Eso puede hacerse?
Los ojos de Eui-jae se abrieron de par en par. La expresión serena de Jungbin se endureció.
—Sí. Tanto la grieta del Mar del Oeste como toda la zona circundante quedaron bajo la administración del Gremio Pado/Wave. Y siguen estándolo hasta el día de hoy.
La farola volvió a parpadear. Con las manos en los bolsillos de la chaqueta, Eui-jae se quedó inmóvil, sumido en sus pensamientos.
Después de la muerte de J… El muchacho, Lee Sa-young, había sido llevado al laboratorio de Prometheus. Fue allí donde despertó sus poderes.
¿Quién? ¿Cómo? ¿Y por qué? ¿Qué había ocurrido durante aquel año?
El laboratorio donde había permanecido se había derretido hasta desaparecer. Ni siquiera Jungbin, que era quien más sabía sobre todo aquello, conocía lo sucedido durante ese año en blanco. Solo había una persona que conocía toda la verdad.
Lee Sa-young.
‘Tengo que hablar con él… de verdad.’
Al final, la única llave que abría toda aquella historia estaba en manos de Lee Sa-young. Quería saberlo todo. Necesitaba saber qué había ocurrido mientras él no estaba. Todo lo que debía reparar. Todo aquello que Lee Sa-young había soportado completamente solo.
No podía compensar aquel tiempo. Ni siquiera tenía derecho a intentar consolarlo. Y, aun así…
Eui-jae se mordió el labio. Por mucho que intentara calmarse, el corazón seguía agitándose desde que Jungbin había comenzado a hablar.
¿Era rabia? ¿Tristeza? ¿O…?
Recordó aquel rostro pálido.
La nieve de ceniza cayendo sin cesar.
La tierra temblando.
Las ruinas derrumbadas.
Y Lee Sa-young, de pie frente a ellas.
Aquellos ojos brillantes. Y aquellas palabras pronunciadas casi con rabia.
«¿Y si te dijera que seguí esperándote todo este tiempo?»
Lee Sa-young.
El hombre al que el gobierno había entregado la propiedad de la grieta del Mar del Oeste.
El hombre que había intentado abrir una grieta desaparecida sin dejar rastro.
¿Por qué?
«Voy a dibujarle un mapa a alguien que se perdió.»
Eui-jae apretó el brazo que le temblaba. Había creído que todos lo habían olvidado. Después de todo…
Era un muerto.
Desde el momento en que despertó sobre aquel montón de basura y comprendió que, para el mundo, llevaba ocho años muerto…
Hasta que volvió a rescatar personas de las grietas e intentó recuperar la calma. Siempre había sentido una incómoda sensación de no pertenecer a aquel lugar. Pero…
«Volveré.»
Había una sola persona.
«¿Me esperarás?»
Si esa persona nunca había creído en su muerte…
Si había seguido esperándolo todo ese tiempo…
—…
Si había cumplido aquella promesa tan egoísta.
En ese momento, unos pasos lentos resonaron sobre el suelo verde del parque infantil.
Una voz perezosa, teñida de una ligera sonrisa, comentó:
—Parece que se llevan bastante bien.
Jungbin se llevó una mano a la frente con expresión incómoda. Los pasos se detuvieron justo detrás de Eui-jae. Sin la menor vacilación, un brazo rodeó sus hombros como una serpiente. Un cabello suave rozó su oreja y su mejilla. Una barbilla firme descansó sobre su hombro. La voz grave sonó junto a su oído.
—¿Qué pasa? ¿Tuvieron una cita secreta?
Los dedos cubiertos por un guante negro le acariciaron juguetonamente la mejilla antes de apartarse. Lee Sa-young se enderezó y ladeó la cabeza.
—Aunque… para ser un lugar de encuentro secreto, es bastante infantil.

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