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(Capítulo 127)
Cenizas blancas caían como copos de nieve.
—…
El silencio era tan absoluto que parecía haber detenido incluso el aire. Su desordenado cabello castaño ondeaba sin control. La chica de uniforme escolar, Yoon Ga-eul, observó a su alrededor. Ante ella se extendían unas ruinas que le resultaban demasiado familiares.
Ga-eul abrió las manos para comprobarlas. Ambas brillaban con un resplandor iridiscente. Se palpó el cuerpo apresuradamente y su rostro se llenó de desconcierto.
«…¿Qué demonios…? ¿Qué es esto?»
Hasta hacía un instante estaba en el aula, escuchando la clase. Miró frenéticamente a su alrededor. No había el menor rastro de presencia humana. Solo un espacio envuelto en un silencio sepulcral. Un mundo donde había llegado el fin. Un paisaje que había visto incontables veces mientras recorría los fragmentos de otros mundos.
Pero aquello era extraño. Hasta entonces, Ga-eul solo había visto los fragmentos cuando se dormía en la cama de su habitación. Nunca le había ocurrido por quedarse dormida en la escuela o por echar una siesta.
¿Por qué he venido aquí?
¿Un efecto secundario de su habilidad? ¿Una nueva habilidad? ¿O había perdido el control de sus poderes? Todas las posibilidades que se le ocurrían eran las peores. Un sudor frío le recorrió la espalda. Entonces se dio una fuerte bofetada con ambas manos. El escozor le ayudó a recuperar la calma.
…Tranquilízate. Piensa.
Sacó el collar que llevaba escondido bajo la camisa. De él colgaban un fragmento blanco y una placa con las siglas HYS. Apretó el fragmento con fuerza. Varias hebras de luz negra se enroscaban alrededor de él como serpientes. Era el fragmento que había sacado de la mazmorra corroída.
Un fragmento obtenido del cuerpo del gólem cuando la mazmorra de corrupción se reconfiguró de forma repentina. Era la primera vez que encontraba un fragmento en el mundo real y no dentro de un sueño. Lo normal habría sido informar de inmediato a Jungbin, pero él había quedado gravemente herido y perdido el conocimiento mientras protegía al grupo…
Ga-eul se humedeció los labios con gesto incómodo.
Al final lo fui dejando pasar y nunca se lo conté… De verdad, lo siento.
Comparado con antes, lo único que había cambiado era aquel fragmento. Lo más probable era que tanto la causa de esta situación como la forma de salir de allí estuvieran relacionadas con él.
No sé qué puede pasar si sigo aquí.
Ella estaba en la escuela. No podía permitir que sus amigos terminaran involucrados en algo así. Yoon Ga-eul respiró hondo y apretó con más fuerza el fragmento. Un brillo nacarado lo envolvió. Y al instante siguiente…
Fshaaaa
Algo completamente blanco brotó del suelo y envolvió todo su cuerpo.
—¡Aaah!
Ga-eul dio un paso atrás mientras gritaba. Las cenizas blancas, amontonadas como nieve, devoraban el sonido de sus pasos. Aquella cosa blanca le oprimía todo el cuerpo. Empezó a faltarle el aire. Cerró los ojos con fuerza y abrió la boca.
—¡Ayuda…!
Fue entonces. Algo helado le sujetó el cuello con fuerza.
Mierda… Voy a morir así.
Apretó los dientes. Sin embargo, en lugar de ahogarse, respirar se volvió más fácil. Cuando abrió los ojos, aún nublados, vio una figura negra que desentonaba por completo con aquel mundo de ruinas blancas, como si hubiera sido arrancada de otra realidad.
Con dificultad, desvió la mirada. Lo que sujetaba su cuello era una mano de un negro antinatural. No solo la mano. También la muñeca unida a ella era completamente negra. Mientras tanto, la cosa blanca que había surgido del suelo comenzó a debilitarse, como si nunca hubiera tenido fuerza alguna.
‘Aquello’ habló.
—Abre los ojos.
—Mírame.
—…Ga-eul.
—Yoon Ga-eul.
—¡¡Yoon Ga-eul!!
¡Crash!
Un fuerte ruido de algo rompiéndose resonó por todo el lugar. Ga-eul jadeó y se incorporó de golpe. Estaba en un aula. Su aula. Con expresión aturdida, miró a su alrededor. Su amiga Da-yeon la observaba con el rostro lleno de preocupación.
—¿Qué pasa…? ¿Te enojaste?
—¿Eh? ¿Yo? ¿Por qué?
—¿Porque te grité al oído?
—¿M-me gritaste?
—¿Qué te pasa…? Se te cayó el libro del CSAT.
Ah.
Todavía aturdida, Ga-eul recogió apresuradamente del suelo el Especial del CSAT. Al parecer, el estruendo había sido el libro y el estuche cayéndose al piso. Da-yeon la miró con preocupación.
—Últimamente estás rara. ¿Te pasa algo?
—¿Eh? No… No es nada.
—¿Es algo que ni siquiera puedes contarle a una amiga?
—No, de verdad no es nada. Estoy bien.
—Pero entonces, ¿por qué sigues…? ¿Sabías que últimamente tu mirada ha cambiado un poco?
Da-yeon murmuró con el ceño fruncido.
—A veces nos miras… como si estuvieras viendo a personas muertas.
—¿Qué estás diciendo…?
Ga-eul respondió con evasivas mientras recorría el aula con la mirada. No había nadie más aparte de ellas dos. Desvió la vista hacia el reloj. Ya habían pasado diez minutos desde que empezó el almuerzo. ¡Normalmente, en cuanto sonaba el timbre, habría salido corriendo hacia la cafetería como un toro desbocado! Apartándose el cabello del rostro, preguntó:
—¿Y tú por qué sigues aquí? ¿No vas a almorzar?
Da-yeon suspiró y apoyó el mentón sobre la mano.
—¿Cómo iba a irme si no despertabas? Parecías alguien dopado. Además, el menú de hoy estaba fatal. Y los profes se pusieron muy estrictos con lo de pedir comida a domicilio… Minji y Suyeong fueron a la tienda. Ya deben estar por volver.
—¿Por qué solo ellas dos?
—Porque perdieron piedra, papel o tijeras.
En ese mismo instante, la puerta del salón se abrió de golpe. Dos chicas entraron refunfuñando, cargando los brazos llenos de bebidas y panes.
—En serio, parece que todos piensan igual. La tienda estaba hasta reventar de gente.
—Los panes de pizza se agotaron hace rato.
Da-yeon chasqueó la lengua, impresionada.
—¿Qué son, cazadoras? Qué rápido volvieron.
—Sí~ Voy a aprobar el examen de cazador y entrar al gremio Wave.
—Yo quiero entrar al gremio HB. Ah, Yoon Ga-eul, ya despertaste.
—¿Estás bien? Dormías como si estuvieras muerta. Menos mal que era la clase del profesor titular.
Minji observó atentamente el rostro de Ga-eul antes de extenderle una bolsa de pan. Era la hamburguesa de pan que a ella siempre le gustaba. Por la pequeña abertura de la bolsa escapaba un suave vapor blanco. Ga-eul sonrió mientras la recibía. Estaba tibia.
Aunque, en realidad, ni siquiera estaba segura de estar sonriendo de verdad. Solo suponía que sí, porque la expresión de sus amigas no había cambiado. Obligó a sus labios, aún rígidos, a moverse.
—Gracias.
—Oye, ponle un poco más de sentimiento cuando agradezcas.
—Déjala. Se siente mal.
—¿No deberías ir a la enfermería?
—¿Qué toca en la siguiente clase?
—Ni idea.
—¿Qué sabes entonces?
Las voces de sus amigas conversando animadamente, las risas que se colaban por la ventana entreabierta y la suave brisa. Ga-eul dejó escapar un suspiro de alivio sin que nadie lo notara. Luego abrió un poco más la bolsa del pan caliente. Fue entonces.
—…Oye, Ga-eul.
—¿Sí?
Ga-eul levantó la cabeza. Suyeong la estaba mirando con una expresión extraña.
—¿Qué tienes en el brazo… debajo de la manga?
—¿Eh?
—No sé… pero parece que tienes una marca rara…
—…
Ga-eul se subió apresuradamente la manga de la camisa del uniforme. Una marca de haber estado atada permanecía grabada en su brazo, de un rojo intenso.
Dum
‘Ah.’
Un sudor frío le recorrió el cuerpo.
No.
El paisaje familiar frente a sus ojos comenzó a deformarse poco a poco. El aula y los rostros de sus amigas cambiaban de color: verde, naranja, azul, rojo, amarillo, blanco. Sus caras empezaron a multiplicarse.
Dos.
Cuatro.
Ocho.
Dieciséis…
Toc
El pan que sostenía cayó de su mano sin fuerzas. Una amiga con 108 cabezas inclinó la cabeza. 256 bocas le preguntaron al mismo tiempo:
—…¿?
—…
Las innumerables voces superpuestas dejaron de transmitir palabras y se convirtieron en un zumbido ensordecedor. El sudor frío corría por todo su cuerpo. El estómago se le revolvió. Le costaba respirar. Ga-eul se tapó la boca.
Voy a vomitar…
Crack
La mano con la que se apoyaba en el pupitre deformó la esquina de la madera.
El Especial del CSAT y el estuche, que acababa de recoger, volvieron a caer al suelo. Tambaleándose, Ga-eul se levantó bruscamente de su asiento. Incontables fragmentos de un espejo roto reflejaban las figuras, deformándolas unas sobre otras. Sus amigas estaban tan despedazadas que ya era imposible reconocerlas como personas.
Un ruido parecido a un grito le retumbaba en los oídos. Todo cuanto veía brillaba con la intensidad de un caleidoscopio. El mundo giraba sin parar. Ga-eul se cubrió los oídos con ambas manos. Quizá estaba gritando.
Aaaaaah…
Lo siguiente que recordó fue…
***
—No hay nada.
Tac
Una mano cubierta por un guante blanco dejó una pequeña lupa sobre una bandeja. El muchacho que sostenía la bandeja se alejó con pasos apresurados. El dueño de aquella mano, Nam Woo-jin, cruzó los brazos y dejó escapar un gruñido pensativo.
Detrás de él, Jungbin preguntó con cautela:
—¿Qué quiere decir con que no hay nada? ¿Que sigue inconsciente?
En el laboratorio de Nam Woo-jin, dentro del gremio Seowon, Yoon Ga-eul permanecía inmóvil sobre una camilla. A pesar de no presentar heridas visibles, la chica, aún con el uniforme escolar puesto, seguía sin recuperar el conocimiento.
En ambos brazos, cuidadosamente descubiertos al remangarle las mangas, podían verse claramente unas marcas rojizas, como si hubiera estado atada con algo. Su pecho subía y bajaba suavemente al respirar. El collar asomaba ligeramente bajo la ropa. El fragmento que colgaba de él había vuelto a ser de un blanco completamente normal.
Tras un largo silencio, Nam Woo-jin habló de repente.
—¿Cómo estaba cuando la encontraron? ¿Había estado actuando de forma extraña últimamente?
Jungbin suspiró, sacó una libreta del bolsillo interior de su saco y comenzó a leer las anotaciones que había escrito.
—Cuando recibí la llamada de su profesora y llegué a la escuela, la señorita Yoon Ga-eul ya estaba en la enfermería. Hablé con sus amigas. Me dijeron que había pasado toda la mañana durmiendo como si estuviera muerta, que recién despertó durante el almuerzo y que, de repente, lanzó un grito antes de desplomarse. En cuanto a los últimos días…
—…
—Sí… Según dijeron, últimamente estaba un poco rara. A veces se sobresaltaba al mirar a sus amigas. Si tuviera que usar las palabras de una de ellas…
La expresión de Jungbin se ensombreció.
—…Como si de repente estuviera viendo a una persona muerta.
Nam Woo-jin, que observaba atentamente el pálido rostro de Ga-eul, volvió a preguntar:
—Cuando esta chica veía los fragmentos… ¿también se desmayaba así?
—No. La he visto varias veces. Desde fuera solo parecía que estuviera profundamente dormida.
—Entonces ya casi no hay dudas…
Nam Woo-jin se dio la vuelta de golpe. La bata blanca ondeó detrás de él mientras arrastraba las Crocs hacia un rincón del laboratorio. Sin apartar la vista de su espalda, Jungbin preguntó:
—¿Cree que pudo haber sufrido algún tipo de ataque mental?
—No. Es algo completamente distinto.
Respondió con absoluta firmeza. Acto seguido, retiró de un tirón la sábana blanca que cubría un objeto. Debajo había algo parecido a un globo terráqueo. Sin embargo, donde debería estar la esfera con el mapa del mundo, había una masa de luz que brillaba tenuemente con un resplandor nacarado.
Nam Woo-jin extendió la mano hacia aquella masa luminosa. Sus ojos, completamente consumidos hasta quedar de un blanco absoluto, resplandecieron intensamente.
—Yo también terminé así por observar las grietas entre los mundos. Por eso lo sé.
—…
—Su alma fue arrastrada a otro mundo. No tengo idea de por qué ocurrió, pero…
Jungbin abrió ligeramente los ojos.
—Entonces…
—La señorita Yoon Ga-eul ha estado viendo continuamente fragmentos de un mundo destruido…
Mientras contemplaba aquella masa de luz, Nam Woo-jin murmuró con voz gélida:
—…Eso significa que su alma fue arrastrada a ese mundo destruido.

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