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El cazador quiere vivir tranquilamente Novela Capítulo 130

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(Capítulo 130)

 

El aroma del pan recién horneado llenaba el aire. Lee Sa-young soltó una risa baja y dijo con dulzura:

—Ve a sentarte, hyung. Ya casi termino.

—¿Y yo no tengo nada que hacer?

En lugar de responder, Sa-young le dirigió una mirada juguetona. Eui-jae entrecerró los ojos a propósito.

—Oye.

—Entonces pon los platos y los tenedores en la mesa.

—Está bieeen.

Su cuerpo se movió con total naturalidad. Al echar un vistazo de reojo, vio que Sa-young enrollaba una tortilla de huevo con bastante destreza. Incluso tenía buena mano para verter la mezcla de huevo. Eui-jae sacó dos platos del armario. Entonces Sa-young dejó la espátula y se presionó varias veces el rabillo del ojo con el dorso de la mano.

Una vez más, su boca habló por sí sola.

—…¿Te vuelven a doler los ojos?

¿Otra vez? ¿A Lee Sa-young le dolían los ojos?

—¿Y las gotas?

—Todavía no. Pensaba ponérmelas después de comer.

—Ve a echarte aunque sea las gotas. Yo me encargo de esto.

—…¿Seguro? ¿No vas a quemarlo otra vez?

—Si veo que no puedo, simplemente lo sostendré.

¿Pero qué clase de respuesta tan poco digna era esa? ¡Tenía el orgullo de un empleado de un restaurante de sopa para la resaca! Justo cuando Eui-jae, herido en su orgullo profesional, iba a protestar…

Sa-young respondió con un leve gemido.

—Mmm…

Unos rizos suaves rozaron su hombro. Un cuerpo cálido y firme llenó sus brazos. Eui-jae acarició lentamente sus rectos omóplatos y su espalda.

—Si después de ponerte las gotas te sigue doliendo, dímelo. ¿Entendido?

—Entendido…

Sa-young dejó la sartén cuadrada y salió tambaleándose de la cocina. Eui-jae siguió su espalda con una mirada preocupada.

Lee Sa-young era su punto débil.

—…

Cha Eui-jae había rescatado a Lee Sa-young cuando este se estaba muriendo tras quedar cubierto de veneno, y había conseguido desintoxicarlo. También había investigado subproductos de monstruos de mazmorra para regenerar la piel que se le había derretido. Y, para responsabilizarse de la vida que él mismo había salvado, vivían juntos. Casi todo era perfecto. Salvo una cosa.

¿Y cuál era?

Solo había algo que nunca logró curar por completo. Los ojos de Lee Sa-young. Además de tener mala vista, sufría dolores periódicos. Como ahora.

¿Era así? No coincidía con lo que él recordaba. Una y otra vez, pensamientos absurdos irrumpían rompiendo el hilo de sus ideas.

Déjame pensar…

En cualquier caso, Eui-jae trabajaba en la Oficina de Administración de Despertados mientras buscaba algún subproducto de mazmorra o tratamiento capaz de curar los ojos de Sa-young.

¿La Oficina de Administración de Despertados?

Hoy no tenía ningún trabajo urgente, así que estaba descansando. Pero, si lo llamaban, tendría que salir corriendo de inmediato.

No. ¿Por qué iba a hacerlo yo?

En ese instante, la cortina blanca se agitó violentamente. Eui-jae parpadeó. Tenía una sartén cuadrada en una mano y dos platos en la otra. Con cuidado dejó la sartén sobre la placa de inducción apagada y colocó los platos sobre la mesa. Los platos tenían dibujadas unas violetas moradas.

¿Moradas? Entonces… ¿Por qué los ojos de Lee Sa-young eran negros?

Los ojos de Sa-young eran de un violeta tan intenso que podían verse incluso a través de las gruesas lentes de una máscara antigás…

—Ah.

Fue como si le arrojaran un cubo de agua helada encima.

‘Mierda.’

¡Bang!

Eui-jae apoyó ambas manos sobre la mesa y agachó la cabeza. Sus ojos permanecían completamente abiertos. En cuanto recuperó la lucidez, todo le resultó extraño. El sudor frío le corría por las sienes.

‘¿Qué demonios es este lugar?’

¿Y por qué había aceptado todo aquello como si fuera lo más normal del mundo? Un escalofrío le recorrió la espalda. Mientras movía los ojos de un lado a otro, intentó recordar lo último que había ocurrido.

La inesperada visita de Kkokko. La llamada de Jungbin. La noticia de que el alma de Yoon Ga-eul había sido arrastrada a otro mundo y que, si aquello se prolongaba, su vida correría peligro. Yoon Ga-eul apareciendo en sueños, dejando atrás un fragmento antes de desaparecer. Y entonces… Cha Eui-jae había destrozado aquel fragmento sin dudarlo.

‘Estoy completamente loco.’

Ahora que lo pensaba con calma, había actuado como si estuviera hechizado.

¡Como mínimo podría haber esperado a cerrar el restaurante! Ni siquiera sabía cuánto tiempo estaría fuera y aun así rompió el fragmento en medio del local. Y encima…

‘¿No llevaba incluso la máscara puesta?’

Eui-jae se quedó mirando distraídamente las franjas de la mesa antes de revolverse el cabello con ambas manos. Un grito silencioso escapó de su garganta.

¿Cómo pensaba arreglar el desastre que había dejado?

Fue entonces cuando un rectángulo completamente blanco apareció ante sus ojos. La pantalla parpadeó como si lo saludara. Hacía muchísimo tiempo que no veía una ventana del sistema.

[¡Bienvenido de nuevo, J!]

Pues yo no me alegro.

Ignoró el mensaje y siguió pensando. Probablemente este era el mundo destruido al que había sido arrastrada el alma de Yoon Ga-eul. Después de todo, él mismo había roto el fragmento que ella dejó. Entonces… ¿En qué momento de la historia estaba?

Corrió hasta la ventana y miró al exterior. En medio del cielo azul giraba lentamente un enorme agujero negro.

Era después del Día de la Grieta.

‘Pero el fragmento que me mostró Ga-eul…’

En aquel recuerdo el mundo ya había sido destruido. Era una época posterior. Además, Lee Sa-young ya estaba despertado. Eso significaba que el lugar donde él estaba ahora pertenecía al pasado respecto a ese recuerdo. Entonces…

¿Por qué había llegado precisamente a este momento? ¿Y cómo salía de aquí?

La ventana blanca volvió a interrumpir sus pensamientos.

[¿Desea consultar su ubicación actual?]

Era una propuesta tentadora. Eui-jae entrecerró los ojos y leyó despacio. Su ubicación. Era información necesaria.

Bueno… No tenía nada que perder. Al fin y al cabo, quienes debían saberlo ya sabían que J seguía vivo y quién era realmente. Y la información sobre este lugar era prácticamente inexistente.

Asintió.

—Dímela.

[Ubicación actual: Mazmorra Memorial (Creador: ???)]

¿Mazmorra Memorial?

Eui-jae parpadeó. Luego miró apresuradamente a su alrededor. ¿Aquello era una mazmorra? Pero no sentía ni el menor rastro de monstruos.

‘¿»Memorial»…?’

¿Era el nombre de la mazmorra? Aunque normalmente las mazmorras tenían nombres propios, aquello seguía sonando extraño. Y además aparecía el nombre del creador… Se cruzó de brazos.

Sería más rápido preguntárselo directamente al sistema.

—¿Qué es una Mazmorra Memorial?

Apareció una nueva ventana.

[Mazmorra Memorial: espacio recreado a partir de los recuerdos de una persona.]

Eui-jae golpeó suavemente su brazo con los dedos. Así que era una mazmorra construida a partir de recuerdos. Y si realmente era una mazmorra… Debía existir una forma de completarla.

‘Como matar al dueño de la mazmorra…’

—¿Y cómo se supera?

La respuesta del sistema fue decepcionante.

[Depende del tipo de mazmorra.]

No me digas.

Eui-jae apretó los dientes. El sistema seguía siendo exactamente igual. Antes y ahora. Nunca respondía lo importante. Sintió que le hervía la cabeza. Sujetándose la frente, abrió por completo la ventana entreabierta y asomó la cabeza al exterior.

Delante de la casa parecía haber un parque. Se oían las risas de la gente paseando. Apoyó los brazos sobre el marco de la ventana y descansó la barbilla sobre ellos.

‘Hace un momento aparecieron recuerdos que no coincidían con los míos.’

Que Cha Eui-jae y Lee Sa-young vivían juntos. Que el tratamiento de Sa-young había sido un éxito. Que Sa-young aún no había despertado. Que sus ojos eran negros. Todo eso. Debían de ser los recuerdos de quien había recreado aquella mazmorra. Y además…

‘Como mucho abarcarán unos pocos días.’

La memoria humana no era perfecta. Los recuerdos del creador de aquella mazmorra tampoco lo serían. Así que aquella recreación no podía durar demasiado. Eui-jae dobló los dedos uno a uno antes de suspirar.

‘…Supongo que primero tendré que pasar un día aquí.’

En ese instante, la ventana del sistema volvió a parpadear.

[¿Desea recibir la recompensa especial por ocupar el primer puesto?]

Recibir

¿La recompensa del primer puesto? Mientras intentaba recordar, Eui-jae abrió mucho los ojos. Ah, era aquella recompensa que había obtenido el día que se actualizó el ranking… después de hacer algo que definitivamente no debía hacerse en un funeral. Aunque, claro, él no había tenido ni un gramo de culpa en aquello.

Todavía recordaba perfectamente la sensación de volver a la vida mientras estaba separando basura. ¿Por qué aparecía ahora esa ventana? Con poco interés preguntó:

—¿Y cuál es esa recompensa?

Durante un buen rato el sistema no respondió. Solo mostró una pantalla completamente blanca.

Mucho nombre elegante y poca utilidad.

Eui-jae soltó una risa burlona y apartó la vista. Entonces aparecieron unas letras negras. Con mucha calma.

[Le entregaremos aquello que más necesita en este momento.]

Sonaba como un eslogan barato.

¿Lo que más necesitaba? ¿Un objeto para escapar? ¿Un arma?

Apoyando la barbilla sobre la mano, extendió el dedo hacia la ventana. Nunca había confiado en el sistema. Ni antes. Ni ahora. Pero… ¿Por qué había cambiado de opinión de repente?

—Bueno…

¿Sería porque aquel lugar resultaba demasiado acogedor? ¿O porque estaba impaciente? ¿O quizá…?

Con la punta del dedo pulsó «Recibir».

—A ver qué tienes para darme.

¿Sería una corazonada de Cha Eui-jae?

En ese mismo instante…

¡Bang!

Algo pesado acababa de desplomarse. El ruido provenía de la dirección por la que había desaparecido el Lee Sa-young de aquella mazmorra. Sa-young. El que decía que le dolían los ojos.

‘¿No me digas que se desmayó por el dolor?’

Eui-jae cruzó el pasillo a toda velocidad y se detuvo frente a una puerta cerrada. Su corazón latía con fuerza. Se mordió los labios resecos.

‘…No. Estará bien.’

En el recuerdo que le mostró Ga-eul, Lee Sa-young había despertado con éxito. No podía pasarle nada aquí. Pero…

Abrió la puerta de golpe.

—¡Lee Sa-young!

Era un baño revestido de azulejos blancos. Sa-young estaba sentado en el suelo, inclinado sobre el lavabo. Los ojos fuertemente cerrados. El ceño fruncido. El sudor frío que recorría su piel pálida dejaba claro el dolor que estaba soportando.

Con cuidado, Eui-jae le sostuvo una mejilla.

—¡Oye! ¿Estás bien? ¡Abre los ojos!

Gimiendo de dolor, Sa-young abrió lentamente los ojos. El color de sus iris cambiaba a toda velocidad.

Negro.

Violeta.

Negro.

Violeta.

Negro.

Violeta.

Negro…

Violeta.

Eui-jae dejó de respirar.

Todo alrededor de Lee Sa-young empezó a teñirse de negro. Como si los gráficos de un videojuego se corrompieran, el espacio comenzó a romperse y deformarse. Y el delantal de cuadros celestes que llevaba puesto fue oscureciéndose poco a poco. Hasta que finalmente apareció en el pecho…

¡El sapo de la marca de soju!

¡El delantal promocional de soju que debería estar colgado en un restaurante de sopa para la resaca!

Eui-jae abrió la boca y retrocedió un paso. Lo comprendió por puro instinto.

‘…Estamos jodidos.’

La fuerza volvió de golpe al cuerpo flácido de Sa-young. Parpadeó lentamente. Sus ojos violetas, todavía desenfocados, recorrieron la habitación. Finalmente se detuvieron sobre Eui-jae, que estaba pegado a la pared como una lagartija.

—…

—…

Un pesado silencio cayó entre ambos. Eui-jae se despegó poco a poco de la pared, lo miró de frente y se aclaró la garganta. Sentía que tenía que decir algo.

—…Ho-hola, ¿Sa-young?

Al oír aquel saludo tan amable, el delicado y hermoso rostro de Lee Sa-young se deformó como si un demonio hubiera tomado posesión de él. Con una voz baja, pronunciando cada palabra entre los dientes, dijo:

—Otra vez.

—…¿Eh?

—¿Qué demonios volvió a hacer esta vez, carajo?

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Chapter 130